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Wicho Durán
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26 Noviembre 2018 04:00:00
El Artillero Ángeles
Son varios los actores que encabezaron nuestra Revolución Mexicana, pero vale recordar a uno de ellos por su gran valor y lealtad, características que hoy en día tanto requiere nuestro querido México de su gente. El general Felipe Ángeles será siempre recordado en las páginas de nuestra historia por varias hazañas o simplemente cada 26 de noviembre, fecha en la que fue fusilado en el Estado de Chihuahua en 1919.

Para algunos coahuilenses será recordado como un gran héroe por estar junto a Don Francisco I. Madero en sus últimos días frente a la infame traición del general Huerta en la llamada Decena Trágica, para otros quizá solo sea un detractor de la Constitución de 1917 impulsada por Don Venustiano Carranza.

Nació el 13 de Junio de 1868 en Zacualtipán, Hidalgo, Estado en el que es recordado como hijo predilecto de esa hermosa tierra. Como no ser un militar honorable si tuvo como ejemplo a su padre, un gran militar defensor de la patria en la época en que México se enfrentó a dos grandes potencias mundiales Estados Unidos y Francia.

Felipe Ángeles era un ávido lector que a sus 14 años de edad iniciaba estudios en el Colegio Militar, gracias a una beca que le otorgó el Presidente Díaz a su padre por los servicios que había brindado durante la lucha de intervención extranjera. En varias fuentes consultadas se menciona que Ángeles era una persona tímida, pero con una gran inteligencia en especial en las matemáticas, habilidades que le permiten graduarse con honores como Teniente Técnico en Artillería. Continúo sus estudios en Estados Unidos y Francia, regresó a México hasta principios de 1912, época en la que ya no existía la dictadura del general Porfirio Díaz y en la que conoce a Francisco I. Madero con el que logra una gran empatía y quien lo nombra director del Colegio Militar.

Quién diría que fue el mismo Presidente Madero el que viajó en un carro desde la Ciudad de México hasta la ciudad de Cuernavaca para recoger al general Ángeles y regresar a Palacio Nacional para contar con su valioso apoyo en vísperas de la gran traición que Madero ya presentía, irónicamente fue el mismo Madero el que cometió un gravísimo error de no otorgarle el nombramiento de jefe de plaza al general Ángeles a su llegada, por lo contrario lo puso a disposición del general Huerta quien poco después traicionaría al presidente y vicepresidente ordenando su muerte a través de la ley fuga, justo a un costado del Palacio de Lecumberri y respetando la vida de Ángeles solo por su alto prestigio militar.

Posterior a la muerte de Madero, el general Ángeles enfrentó un proceso por un supuesto asesinato durante la decena trágica, finalmente es exonerado y exiliado en Francia, poco después regresa a México ahora bajo las ordenes de Venustiano Carranza quien a través del Plan de Guadalupe desconocía a Huerta como presidente y quien logra otorgarle el grado de Secretario de Guerra al general Ángeles, sin embargo los obregonistas se oponen y logran bajar su grado a subsecretario, lo que da origen a un rencor de Ángeles en contra de Carranza, posteriormente Ángeles propone a Carranza ser el vínculo del Ejército Constitucionalista con Pancho Villa, con el que logra importantes victorias en contra de los huertistas entre las que destaca la toma de Zacatecas y la Batalla de Torreón.

Es en el año de 1915 cuando es designado Gobernador de Coahuila y posteriormente de Nuevo León, en ese mismo año se exilia en Nueva York, lugar en el que escribiría varios artículos, en los que se puede apreciar su forma de pensar con un marcado toque socialista gracias a su profundo interés por Karl Marx, en 1918 regresa a México en donde se reúne con Pancho Villa para iniciar un nuevo movimiento en contra del gobierno, solo que ahora procuraba que fuera principalmente a través de las letras y no tanto a través de las armas, después de caer preso y realizarle un juicio sumario, cuentan los historiadores que Ángeles escribiría su última carta un día antes de ser fusilado dirigida a su amada Clara quien se encontraba delicada de salud en la ciudad de Nueva York, dicha carta nunca pudo ser leída por Clara, ya que la carta llego cuando ella había fallecido, posteriormente se supo que ella a su vez había realizado también una carta para el general Ángeles, la cual tampoco alcanzo a leer ya que para cuando llego la carta el general Ángeles había sido fusilado, quiero pensar que quizá en algún punto intermedio del camino esas 2 cartas estuvieron en un mismo lugar.

Me gusta recordar al General Ángeles por una de sus famosas frases que vale la pena tener en mente todos los días “por qué temerle a la muerte sino le temo a la vida”.


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