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Federico Muller
Federico Muller
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01 Mayo 2020 04:00:00
El BID y el sector privado nacional
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La historia siempre nos refresca la memoria, y más la colectiva, siempre y cuando se tenga una sociedad organizada, informada e interesada en el bien social. Los ejemplos más emblemáticos, y cercanos que se tienen, han sido la de los países que participaron en la Segunda Guerra Mundial, particularmente los que no paladearon las mieles de la victoria, y aquellos que estuvieron a punto de ser sometidos por el régimen fascista alemán. A pesar de no disponer del capital industrial e infraestructura, destruidos por la guerra, sus economías se recuperaron debido a varios factores, entre los que sobresalen tres: el elevado nivel de escolaridad de su población; la capacidad de gestión de sus gobernantes, y sin lugar a dudas la ayuda financiera que recibieron del exterior.

Un personaje clave para la economía inglesa, y para el capitalismo internacional, que buscaba reacomodar la economía mundial, fue Winston Churchill, quien a pesar de no comulgar con las teorías keynesianas, se supo imponer a pesar del desánimo y desesperanza de su pueblo ante la inminente invasión nazi; la historia lo ha juzgado como un relevante estadista. Una extraña combinación que se ve muy poco en el mundo contemporáneo: un político, y además un intelectual, en 1953, que recibió el Premio Nobel de Literatura. Los casos anteriores solo son algunos ejemplos que se pudieran tropicalizar y tomar como referencia histórica para conocer qué hicieron otros pueblos para salir de la encrucijada económica causada por la conflagración mundial.

La economía mexicana requiere urgentemente del apoyo financiero nacional e internacional, adicional al que ha ofrecido Banxico, créditos que para la magnitud de la recesión que se avecina, parecen limitados. Una línea de crédito convenida entre el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el sector privado del país hace algún tiempo, que por cierto fue malinterpretada, quizá por desconocimiento, por el Presidente de la República, puede ser una “bocanada de oxígeno” para las Mipymes, que se encuentran al borde del colapso económico.

Lo interesante de ese esquema crediticio es que el Gobierno no interviene ni siquiera como aval. Se trata de un préstamo, en una segunda etapa, que otorga el BID, hasta por 12 mil millones de dólares. El instrumento que se usará en el proceso crediticio es el llamado factoraje inverso, que consiste en adelantarle recursos monetarios al empresario, pagándole un porcentaje de las facturas que tiene por cobrar en el corto plazo (60 o 90 días) o parte de sus deudas; el intermediario puede ser un banco comercial. Con ello, la empresa puede financiar su capital de trabajo y seguir operando mientras se reactiva la demanda agregada.

De acuerdo con cifras del Inegi, en México se tienen registradas 4.1 millones de Mipymes, que juegan un papel importante en la generación del PIB; a grosso modo se estima que contribuyen con 42% de este indicador, y emplean a cerca de 75% de la fuerza laboral, de ahí la importancia de apoyar a ese segmento productivo, además de que muchos pequeños empresarios no tienen acceso al crédito bancario por ser muy alta la tasa de interés, o no cumplir con los requisitos que exigen dichas instituciones.

La solidaridad, o mejor dicho el interés de los organismos internacionales de desarrollo por colaborar a paliar la crisis  económica, de ninguna manera es gratuito, no es regalar dinero, o que vaya a fondos perdidos, sino son créditos con garantía y tasas de interés accesibles al empresario.
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