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Jorge Zepeda Patterson
Jorge Zepeda Patterson
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05 Mayo 2013 04:10:58
El bronceado de Obama
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Obama, ah sí, dijo Berlusconi, “ese joven apuesto y bien bronceado que vive en la Casa Blanca”. Y en efecto, no fue cosa fácil que un hombre “tan bronceado” llegase a la presidencia de Estados Unidos, y menos aún con un nombre tan tercermundista como Barack Obama, y con un islámico Hussein entre medio.

Le tomó a Estado Unidos más de 200 años aceptar la posibilidad de un presidente de raza negra; algo que muchos consideraban que tomaría varias generaciones más. Se requirió padecer los excesos de ocho años de esa derecha radical y obtusa encabezada por George Bush para precipitar como efecto pendular lo que parecía inimaginable. En realidad el hito que representa tener un presidente afroamericano en la Casa Blanca posee un efecto más simbólico que efectivo. Es tal el equilibrio de poderes de una sociedad moderna, que el mandatario norteamericano se encuentra maniatado para hacer cambios verdaderamente significativos en los temas estructurales.

Una y otra vez las propuestas más importantes de Obama se han estrellado contra las posiciones del Congreso y la fuerza de los poderosos lobbies que operan en Washington. Basta decir que la prisión de Guantánamo sigue en pie, pese a las reiteradas promesas de Obama; o podemos recordar su intención fallida de endurecer las condiciones de compra de armas largas entre los particulares en Estados Unidos. (En su más reciente libro, “El fin del Poder”, Moisés Naim asegura que los poderosos son cada vez menos, tienen menos poder y el poder que tienen es frágil y transitorio. El poder es ahora más difícil de usar y mucho más fácil de perder, en los campos científico, educacional, político, religioso, filantrópico, artístico).

Y pese a todo, los márgenes de maniobra con los que cuenta Obama no pueden, no deben, ser desaprovechados por México. Nada en la biografía personal del líder nacido en Hawaii lo vincula a temas latinos, pero sin duda sus convicciones democráticas y progresistas le hacen mucho más sensible a la agenda de los migrantes y a las condiciones desfavorables de nuestro país en las relaciones con su poderoso vecino. De hecho, hoy por vez primera, y gracias al apoyo de la Casa Blanca, los casi 12 millones de ilegales de origen latino en Estados Unidos contemplan la posibilidad de una amnistía que regularice su situación.

Me parece que los casi cuatro años que le quedan a Obama como presidente deberían ser objeto de una cuidadosa estrategia de parte del Gobierno mexicano para avanzar en una agenda histórica y resolver problemas ancestrales vinculados a la compleja relación entre ambos países en materia económica, financiera y social.

México y Estados Unidos comparten la frontera con mayor tráfico y simbiosis en el mundo. De hecho, como en el caso de cualquier pareja, alrededor de la frontera ha surgido una especie de tercer “país” que no es ni Estados Unidos ni México. Una tercera entidad que parece tener vida propia y sólo parcialmente evoca a sus progenitores.

Fue una verdadera lástima que Felipe Calderón desperdiciara los cuatro años del primer periodo de Obama, obsesionado como estaba con su guerrita contra el narco. Bastó este encuentro entre Peña Nieto y el estadounidense para evidenciar la intensidad de la agenda económica y política pendiente, y el enorme desperdicio que significó reducirla durante tanto tiempo a un asunto de pistolas y maleantes.

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