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Salvador García Soto
Salvador García Soto
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Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

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27 Abril 2019 03:30:00
El “cañonazo” de los 100 mdd que el Napo rechazó
Rehabilitado políticamente como senador de la República, empoderado de nuevo como líder sindical y cabeza del “nuevo sindicalismo” que pretende impulsar la 4T, y reivindicado por el presidente Andrés Manuel López Obrador como “perseguido político” y “expulsado” de “los que se sentían dueños de México y mandaban”, Napoleón Gómez Urrutia está en la cúspide de su carrera. Con la aprobación de la reforma laboral y también con la aprobación presidencial, Napoleón confirma que la estrategia que se trazó desde suelo canadiense, durante los 12 años que pasó en el exilio, fue la adecuada y que no se equivocó al resistir los ofrecimientos millonarios que recibió para que renunciara definitivamente tanto al poderoso Sindicato Minero como a volver a México.

Porque en esos 12 años, Gómez Urrutia no desaprovechó el tiempo ni se dedicó a lamentarse de su condición de exiliado. Mientras estuvo fuera de la política mexicana, aprovechó su estadía en Canadá para dedicarse a hacer política sindical por el mundo y tejer importantes y cercanas relaciones lo mismo con los poderosos sindicatos mineros canadienses y de Estados Unidos, que con líderes políticos del Partido Demócrata y del Laborismo británico, como Jeremy Corbyn, que fue quien terminaría recomendándoselo a Andrés Manuel López Obrador.

Entre 2006, que abandonó el territorio mexicano en los últimos meses del gobierno de Vicente Fox y los inicios del sexenio de Felipe Calderón, y el 27 de agosto de 2018 que regresó aún en el gobierno de Peña Nieto para tomar posesión como senador, el líder minero se dedicó a hacer política internacional. Era común verlo asistir a reuniones de la Organización Internacional del Trabajo lo mismo en Europa que en Estados Unidos o en otros países, sobre todo a partir de que en 2014 obtuvo la ciudadanía y el pasaporte canadiense.

Fueron años en los que, al mismo tiempo que su figura era vilipendiada en México y aquí se le trataba como “ladrón y prófugo de la justicia”, en el extranjero el nombre de Napoleón Gómez Urrutia cobraba relevancia en el ambiente sindical y el dirigente minero era visto por líderes sindicalistas y políticos de otros países como un dirigente victimizado en sus derechos humanos y laborales, un símbolo de resistencia y un perseguido de autoridades y empresarios mexicanos.

EL SECRETARIO GESTOR Y LA OFERTA DE LOS 100 MILLONES DE DOLÁRES

En esos años, de acuerdo a fuentes cercanas al senador Gómez Urrutia, pasaron dos cosas que fortalecieron la convicción del dirigente minero de que debía regresar en algún momento al país a reivindicar su imagen y su liderazgo sindical.

En una reunión de la OIT que se celebraba en un país europeo, al participar en uno de los foros, Napoleón coincidió con un secretario del Trabajo de México que participaba también como invitado. Los dos se saludaron con cortesía y el secretario le pidió hablar en algún momento con él en privado. Cuando se encontraron a solas, el funcionario mexicano –cuyo nombre las fuentes piden reservar– le hizo un ofrecimiento directo a Gómez: “Yo te puedo arreglar tu problema. Si quieres regresar a México y que todo el caso judicial en tu contra se archive, yo te lo arreglo a cambio de 3 millones de dólares”. Sorprendido por una oferta que no esperaba, Napoleón le dijo al funcionario que él lo buscaba, según la versión de sus cercanos.

Pero ese no fue el único ofrecimiento que recibió Gómez Urrutia para terminar “sus problemas” y parar la persecución y las acusaciones judiciales en México. En el sexenio de Calderón, dos de los más encumbrados líderes sindicales mexicanos lo buscaron para pedirle reunirse con él. Tenían un “encargo directo del Presidente”, le dijeron, y viajaron hasta Canadá para llevar el importante mensaje. Como los dos dirigentes de sindicatos eran amigos personales suyos, Napoleón aceptó la reunión que se llevó a cabo en Vancouver, la ciudad en donde vivía en un exclusivo condominio de la calle Waters Edge Crescent, cerca de Park Royal.

Ya en la confianza de la plática, los dos visitantes le soltaron a su colega el mensaje que decían llevar directamente de parte del Presidente: “Te ofrecen 100 millones de dólares a cambio de que depongas tu liderazgo y entregues el Sindicato Minero. Y te garantizan además el cierre de cualquier acusación o investigación judicial”, soltaron los dos poderosos sindicalistas, hombre y mujer, que fungían como mensajeros y enlaces, según decían, entre la Presidencia y empresarios del sector que eran parte de la generosa oferta.

Pero, siempre según la versión de las fuentes consultadas, Gómez Urrutia no aceptó la tentadora oferta. Y, como respuesta, mandó de regreso a México el mensaje de que él iba “a seguir luchando por la vía jurídica y política” para limpiar su nombre y volver al país a dirigir el Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Similares de la República Mexicana –SNTMMSySRM– que fundó su padre, Napoleón Gómez Sada en 1991, y que le heredó al morir en 2001.

Tuvieron que pasar casi 10 años para que se cumpliera la advertencia del Napo. Ya en el declive del gobierno de Peña Nieto y cuando el ascenso de López Obrador a la Presidencia era pronosticado por todas las encuestas, dos personajes fueron claves para acercar a Gómez Urrutia con el candidato de Morena y favorito en la carrera presidencial a finales del 2017. Uno fue el ya mencionado líder del Partido Laborista del Reino Unido, quien convenció a Andrés Manuel de que Napoleón, por sus conexiones y su reconocimiento internacional, podía ayudarle a refundar el sindicalismo mexicano con una ideología socialdemócrata, similar a la de los laboristas británicos, y otra fue una periodista mexicana de todas las confianzas del tabasqueño que también hizo labor de convencimiento acerca de hacer una alianza política y sindical con el “injustamente perseguido” líder del sindicato minero.

Por eso cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador dice que él ayudó a regresar al país y a la política a Napoleón Gómez Urrutia, porque su exilio le parecía una “injusticia” de “los que se sentían dueños de México”, está diciendo la verdad; pero lo que no dice el Presidente, es que detrás de esa ayuda no todo fue “bondad y bonhomía”. Su decisión tuvo también un cálculo y una alianza política, primero para mandarles un mensaje de fuerza a los poderosos empresarios mineros, empoderados y favorecidos en los sexenios de Fox, Calderón y Peña Nieto; y segundo para hacer del ahora senador por Morena y presidente de la Comisión del Trabajo el principal ariete y artífice para sacudir y refundar el sindicalismo mexicano, aniquilar a los viejos y enriquecidos liderazgos charros de la era priista y panista, para dar paso a los nuevos liderazgos sindicales de la Cuarta Transformación que, aunque en algunos casos sean los mismos, ahora están purificados y tienen la misión de ayudar a fundar el nuevo régimen. Y, como dice el refrán, en la creación del nuevo sindicalismo de la 4T, para que la cuña apriete…

NOTAS INDISCRETAS…

Una imagen que confirma dolorosamente la grave crisis que vive el estado de Jalisco y su capital Guadalajara fue la que quedó registrada en video la tarde del pasado jueves, cuando una joven mujer, de nombre Vanessa, fue asesinada impunemente justo frente a las puertas de la Casa Jalisco, donde vive y despacha el gobernador Enrique Alfaro. La mujer, que había denunciado dos veces a su expareja, fue a la residencia del Gobernador, precisamente con la idea de resguardarse y de que los guardias que cuidan día y noche a Alfaro y a su familia, evitaran que fuera agredida por su exmarido, pero hasta ahí llegó el sujeto que, sin mediar palabra la arrolló con su auto y luego la acuchilló varias veces, todo frente a la mansión oficial del Poder Ejecutivo jalisciense. El caso recuerda el asesinato de Marisela Escobedo en la ciudad de Chihuahua, ocurrido en diciembre de 2010, cuando la mujer fue masacrada también frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua por el asesino de su hija Rubí, al que ella denunciaba frente al despacho del gobernador César Duarte Jáquez. Todos sabemos cómo terminó después el gobierno de Duarte, hoy prófugo de la justicia. Alfaro tendrá que hacer algo para parar la violencia cotidiana en su estado, porque está visto que ya ni su casa respetan los asesinos en Jalisco…Los dados mandan Escalera doble. Semana de Pascua redonda.
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