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Verónica Marroquín
Verónica Marroquín
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30 Junio 2019 04:08:00
El Colibrí
MIS QUERIDOS AMIGOS: Pues muchos ya salimos de vacaciones, y otros están por salir, así que, a disfrutar de tan merecidos días de descanso.

Siempre procuren visitar lugares donde haya naturaleza, ese color verde de los benditos árboles, esos pulmones a los que les debemos respeto y debemos cuidar tanto; es nuestro oxígeno, hagamos conciencia de ello y empecemos ahora a cuidar nuestro mundo porque, si no actuamos ya, lo lamentaremos todos. Habremos terminado nosotros mismos con él y toda la belleza que Dios nos confió, como esas bellezas de aves que son de lo más hermoso que han visto mis ojos, esas de un aleteo que apenas se percibe por lo rápido. Se dice que son mensajeros espirituales, guardianes del tiempo.

Esos colores increíbles que sólo Dios pudo hacer. Seres tan sensibles, tan intuitivos y, como algunos de ustedes lo sabrán, tienen un significado muy poderoso. En los Andes de América de Sur el colibrí significa resurrección, libertad, alegría, buen augurio, amor.

No es coincidencia el ver un colibrí, pon atención si te encuentras a uno, puedes reflexionar en tu flexibilidad, en los cambios que puedan presentarse en tu vida. Así como los colibríes que siempre están en movimiento, hay que aceptar los cambios con la mente positiva.

Sé más dulce con las personas y contigo mismo, sé alegre, optimista. El colibrí te puede estar diciendo que “chupes” el néctar de la vida, las vivencias positivas.

Da amor sobre todo a tu familia, esa es parte de tu misión en primera instancia. Es el reto mayor, la familia. Seamos humildes y demos ternura. Ellos vienen a demostrarnos todo ello.

Llena tu día de colores, saboréala e inyecta a los tuyos esa alegría que te inspira esta bellísima y tan pequeña ave. Llena tu casa de risas y buen trato, las flores son sinónimo de alegría, de plenitud. Arregla el lugar donde vives, llénalo de esa paz y armonía, de ese equilibrio que emanan los bellos colibríes.

Al toparte con un colibrí, su pequeñez recuerda que las cosas más sencillas, lo pequeño de las cosas puede ser lo más bello. No hay que menospreciar nunca que de los pequeños detalles la vida se torna lo más bello, sin ostentaciones, ellos son pequeños pero maravillosamente perfectos, no podemos dejar de mirarlos de tanta belleza y sabiduría.

En una ocasión un 27 de abril, aniversario de mi bebé, salía yo de misa que ofrecí por él y le decía a Dios que deseaba tanto me permitiera verlo, sentirlo, acariciarlo, que me diera ese regalo, que estaría atenta y, sin pensarlo, estaba yo tocando la puerta de la casa de una querida amiga, Moni, y toqué varias veces y nadie salía. Sin saber por qué me quede ahí un rato, mirando el jardín, como esperando algo, a alguien, sin ser consciente de ello y, de repente, siento una presencia cerca de mi oído, volteo y ahí estaba, el colibrí más bello que yo hubiera visto. Yo me quede admirándolo, maravillada, llena de emoción, y con las lágrimas recorriendo mis mejillas, sonreía yo, él aleteaba, a unos 10 centímetros de mi rostro como queriéndome acariciar con sus alitas, con ese airecito que emanaba de ellas, como queriéndome decir: “mamá aquí estoy", “soy yo”, “sé feliz como yo también lo soy”. Me pareció uno de los momentos más divinos de mi vida… y en eso, cuando él se alejó, se abrió la puerta y entendí perfecto todo. Le conté a mi amiguita lo acontecido y me dijo: "sí lo creo también que él vino a visitarte".

Dicen también que son las almas de nuestros seres queridos que se manifiestan, yo lo quiero creer, eso me hace feliz, vivamos el presente con mayor consciencia, disfrutando. Que las cosas superfluas no nos dominen. Démonos tiempo de admirar el cielo, las estrellas, la luna, las nubes, la naturaleza toda.

Pensemos en abundancia, que todo cuanto deseamos se nos dará por añadidura, el colibrí representa entre otras cosas más la fortaleza, ya que es un ave que puede viajar largas distancias, un recorrido de más de 2 mil millas, de América Central a América del Norte cada año, para llegar a su destino. Así como ellos, nosotros seamos perseverantes en lo que deseamos. No importa la distancia de ello ni los obstáculos que se interpongan. Nos enseñan a creer en nuestra intuición, a acrecentar nuestra espiritualidad. Seamos valientes y persistentes como ellos en nuestros proyectos de vida. Su aleteo tan rápido no nos deja ver sus alas muchas veces, pero ahí están, es como la fe en que existe un Dios que nos ama a través de esas criaturas que vienen a darnos su mensaje de amor.

Un abrazo fraterno, que siempre encontremos un colibrí que nos recuerde a nuestro ser querido, la paz, el amor y la alegría de la vida. Su amiga Verónica. Diosito por delante.
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