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Federico Muller
Federico Muller
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23 Octubre 2020 04:01:00
El complejo proceso en el desarrollo de vacunas
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La comunidad científica ha participado en el diseño de vacunas que han erradicado o al menos neutralizado enfermedades que diezmaban a la población en el mundo. La historia médica acerca de las inmunizaciones es amplia y narra los obstáculos que enfrentaron los especialistas clínicos antes de sacar al mercado sus descubrimientos.

En ocasiones se presentaban virus que mutaban ante los cambios climáticos, formando nuevas cepas que volvieron ineficientes los primeros antídotos descubiertos. Así fue el caso de la vacuna contra la gripe, antes de que se conociera que el cuadro gripal se componía de un par de virus (A y B), y que su comportamiento era impredecible en el futuro, de ahí que las nuevas vacunas contra la influenza se elaboren cada año y estén en función de las probabilidades de que aparezcan las cepas consideradas en la estructura de la vacuna, las cuales se tipifican según la información estadística que se tenga a escala planetaria del comportamiento estacional del virus en el ser humano.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) es la responsable de recopilar tales datos. También hay epidemias como el Síndrome Respiratorio Agudo (SARS), que durante 2002-2004 tuvo su mayor incidencia y letalidad. El sector salud trató de contenerla, de acuerdo con los tiempos que exigían los protocolos establecidos: diseñando vacunas y pruebas exitosas de su efectividad. No obstante, el producto y la patente nunca llegaron al mercado, ya que no fue necesario por la reducción casi “natural” de la propia enfermedad. Lo que invirtieron en investigación los laboratorios, farmacéuticas e institutos de ciencia públicos, simplemente fue a parar a fondos perdidos.

Estos son algunos ejemplos que pueden ilustrar lo complejo que es el proceso que lleva a patentar el medicamento responsable de proteger al hombre contra algún virus o bacteria. El negocio no siempre es rentable, lo que debe estar presente en las mentes de los CEO, que dirigen las compañías transnacionales farmacéuticas. Hasta marzo de este año había 40 empresas y centros de investigación a nivel mundial que trabajaban en una vacuna en contra del Covid-19, algunas apoyadas con recursos públicos.

Una mezcla tóxica: salud, política y economía.  La pandemia causada por el Covid-19 ha logrado enfrentar a estos tres sectores, causando un desequilibrio en el sistema capitalista vigente. Por lo sorprendente y desconocido del virus y sus mutaciones, la ciencia médica no ha podido responder, en tiempo y forma, como lo exigen los agentes económicos y políticos, con soluciones rápidas y eficientes que permitan reactivar el sistema económico y empoderar al sector político como artífice del desarrollo social de la población.

Los paradigmas y protocolos de investigación que había seguido la investigación para detener las epidemias y pandemias en el pasado, se han tenido que relajar ante las presiones económicas. Las consecuencias de ello no han tardado en aparecer: tres de los laboratorios más grandes de occidente han tenido que detener sus pruebas con voluntarios en la fase tres de las investigaciones, ya que de la muestra estadística, uno de los vacunados presentaba problemas en su salud.

La virulencia de la pandemia en las actividades productivas está enfrentando a los reguladores con los políticos, y el caso más escandaloso ha sido la confrontación que tuvo el Presidente de Estados Unidos con el médico estadunidense y también director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, aunque también destacan los casos de los mandatarios de Brasil y México, que estuvieron minimizando la gravedad de la pandemia.

Lamentablemente, el futuro cercano para la humanidad es incierto: el desarrollo o no de la memoria inmunológica de los vacunados sanos de las poblaciones satélites; la aparición de rebrotes acotados a determinados lugares o durante todo el año en cualquier región; la inmunidad colectiva y las reinfecciones, son algunos de los factores que podrían vislumbrarse acerca del comportamiento del Covid-19. Con certeza, solo se sabe que el virus avanza con rapidez, y todas las expectativas giran en torno a tener la vacuna lo más pronto posible.                     
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