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Otto Schober
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Otto Schober. Profesor y Licenciado en Educación Primaria; Comentarista radifónico con cápsulas en Núcleo Radio Zócalo; Funcionario de la Secretaría de Educación Pública nivel Primarias en Piedras Negras, Coahuila, Mex.; Historiador de Piedras Negras, Coahuila, México

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02 Noviembre 2019 04:00:00
El día de los muertos
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El 2 de noviembre se conmemora con diversas actividades involucrando tradiciones muy antiguas, con una mezcla de religión y paganismo, el Día de los Fieles difuntos o Día de los Muertos, que ya no es una fiesta exclusiva de México, sino que la hemos exportado hacia países de América Latina, como Ecuador, Puerto Rico, Bolivia, Perú, Brasil, etc. Esta popular fiesta se celebra desde tiempos prehispánicos con los mexicas, rindiendo culto a las personas que ya no estaban con ellos en vida. En 1563, fray Sebastián de Aparicio, estableció el rito de ofrendas a los difuntos en la hacienda de Careaga, teniendo una gran aceptación entre los indígenas.

Los misioneros españoles se encargaron de difundirla rápidamente hasta quedar marcada como una fiesta nacional, que se celebra los primeros días de noviembre. Una de las antiguas costumbres al morir una persona, era ponerle dentro del féretro: Agua, sal, cerillas, huaraches o zapatos, ropa limpia, algunas monedas, una vara de rosa, objetos que servirán para que su cuerpo no se corrompa antes de llegar al estado propio de la otra vida; los centavos para el perro, un itzcuintli de color café, que ayudará al ánima a pasar el río de las 7 brazas y la vara de rosa, le servirá para defenderse del demonio. La fiesta se inicia desde las primeras horas del primer día de noviembre hasta la medianoche del día 2. En casas y cementerios se instalan altares de muerto.

Estas costumbres, se han ido transmitiendo de generación en generación envuelta en una atmósfera de misterio fascinante. Los altares son adornados profusamente, con una fotografía del difunto, un artículo de vestir que en vida fue muy querido por la persona, sombrero si acaso lo usó, alguna manta, objetos que utilizó, cigarrillos, con las comidas que fueron de su agrado, sus bebidas preferidas, con dulces artísticos de azúcar de diversas formas que van desde las tradicionales calaveras, esqueletos, caras de muerto, etc. Se les agregan arreglos florales a base de cempasúchil principalmente, esta conocida flor mexica llamada también flor de muerto, que es la flor predominante de estas ceremonias que le dan esplendor y colorido. Se agregan: Tamales, atoles, aguas de sabores, champurrados, frutas, caña de azúcar, el pan de muerto, hecho especialmente para la ocasión, carrizos de diferentes tamaños y grosores, papel picado en múltiples formas, placas con versos de sabrosa rima conocidas popularmente como calaveras.

La iluminación es a base de velas, se queman inciensos y en algunos lugares le agregan danzas, como la del chantolo, la danza misteriosa de Oaxaca, el baile de los yacoyantes y en Oaxaca, un grupo de bailarines enmascarados y barbados van de casa en casa cantando versos dedicados a sus residentes. Se interpretan tradicionales canciones melancólicas y tristes cantadas hasta en los mismos cementerios, donde permanecen en ocasiones toda la noche, conversando, cantando o rezando ante sus difuntos. Se realizan procesiones con todos los santos cargados en hombros, al son de tonadas tristes, interpretadas por flautas y tambores, se riega confeti y sal por las calles, indicando la ruta hacia donde están en exhibición los altares de muerto.
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