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Aida Sifuentes
Aida Sifuentes
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Es originaria de Sabinas, Coahuila. Egresó de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Coahuila y actualmente estudia ingeniería civil en la misma universidad. Colaboró en el Centro Cultural Vito Alessio Robles como correctora de estilo, y se ha desempeñado como periodista cultural. Es ajedrecista profesional y lectora por vocación.

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27 Enero 2019 03:51:00
El dilema de los niños prodigio
Un niño prodigio es la denominación que se le da a un infante que a muy corta edad (3 o 4 años) logra avances significativos en los campos de la ciencia o las artes. Sus habilidades sorprenden a los humanos comunes porque son capaces de hacer cálculos complejos o asombrosas creaciones, y casi siempre son autodidactas. A pesar de necesitar un coeficiente fuera de serie para calificar como prodigio, nunca falta el padre de familia traumado y empeñado en hacer pasar a su hijo por un genio cuando en realidad sólo se trata de un absurdo esfuerzo y múltiples horas de arduo entrenamiento (no recomendadas para un niño). 

Antonio Gude, en su libro Eso no Estaba en mi Libro de Historia del Ajedrez, señala que la disciplina donde se han desarrollado más niños prodigios es en el juego ciencia. Unos de los primeros que aparecieron en la historia fueron Paul Morphy (1837-1884) y José Raúl Capablanca (1888-1942), quienes también fundaron muchos de los principios teóricos que se mantienen vigentes a la fecha. 

Conforme ha avanzado el tiempo, la divulgación del conocimiento ha potencializado el surgimiento de nuevos genios: ahora, encontramos niños que llegan a la cúspide y se convierten en gran maestro a más corta edad, como el ruso Karjakin, a los 12, y ahora vemos el hervidero de jóvenes promesas indias (cuyos nombres resultan impronunciables en occidente), como Rameshbabu Praggnanandhaa; en contraste con el americano Bobby Fischer, que se convirtió en GM a los 33 años.

Si ponemos atención en el modo de juego de Praggnanandhaa, quien a los 12 años ya se codea en la élite y tiene un ELO superior a 2,500, podríamos demostrar fácilmente que un niño de su misma edad que vence en un torneo municipal está muy lejos de ser un prodigio. No obstante, vemos a cientos de padres que intentan defraudar a la comunidad y hacen pasar a sus hijos en los medios locales “como un genio del ajedrez”. Por supuesto que un niño que entrena más de 20 horas a la semana será capaz de vencer en una partida a un adulto, o incluso superar a su maestro, pero de eso a decir que es un prodigio hay un abismo de diferencia.

Lo recomendable para tales padres es ir a terapia, dejar sus traumas de lado y permitirles a sus hijos que disfruten de su infancia. Martirizarlos con un arduo entrenamiento no los llevará a ningún lugar más que a terminar aborreciendo el juego (o las matemáticas, las artes o cualquier área donde los padres se empeñen en forzarlos). No dudo que tengan buenas intenciones, porque ser un genio casi siempre implica un futuro brillante, pero les aseguro que el día que tengan un prodigio en casa, la sociedad se dará cuenta sin necesidad de alardear a la menor provocación.
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