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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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03 Junio 2020 04:05:00
‘El dinero no se come’
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Un tema de debate en la agenda global es si la democracia y el modelo neoliberal han reducido la pobreza, la desigualdad y la injusticia social, o bien han propiciado una mayor concentración del poder y la riqueza. Nueve años antes de la irrupción de la Covid-19, en el Magreb brotó la Primavera Árabe -también en diciembre- para protestar contra las tiranías de la región y exigir elecciones libres y respeto a los derechos sociales. El movimiento comprendió 18 países del norte de África, Asia y Oriente Próximo, y provocó la caída de varios dictadores; entre ellos, Hosni Mubarak (Egipto) y Muamar el Gadafi (Libia).

Las manifestaciones sociales, cuyo motor fueron los jóvenes, se propagaron a Europa y América bajo distintas denominaciones y con una agenda más amplia: protestas en Grecia, incubadas en la crisis económica de 2008; Movimiento 15-M, en España; #Yosoy132, en México; Occupy Wall Street, en Estados Unidos; huelgas a favor de la democracia y contra la corrupción y la censura en China, reprimidas por el Ejército; y movilizaciones estudiantiles en Chile y Colombia.

El disparador fueron las concentraciones del 15 de mayo de 2011 en ciudades de España, conocidas como 15-M o movimiento de los indignados. Los españoles colmaron las calles para demandar una democracia menos controlada por los partidos y más por los ciudadanos. Si en México se repudiaba al PRIAN, allá el blanco era el binomio PPSEO -acrónimo de los partidos Popular y Socialista Obrero Español-. También se le pusieron dianas a los bancos y a las corporaciones y se exigió -como siempre ha ocurrido aquí, y más ahora por el predominio del presidente López Obrador- respetar la separación de poderes.

En el ensayo «Escritos en las paredes» (Edicions Cal.lígraf, 2013), compuesto por medio millar de aforismos, el periodista catalán Nil Ventós traza paralelismos entre las arengas del 15-M y las de Mayo de 1968 en Francia, cuyo eco en México fue el movimiento estudiantil de ese año. «(Ventós) ha señalado que entre unas proclamas y otras se ha producido “un salto total”, de unos años en los que se reclamaba libertad sexual y acabar con los tabúes, pero en los que el paro no era el gran problema que es ahora, a otros en los que la indignación se manifiesta contra los privilegios de unos pocos, la falta de vivienda y la corrupción política» (El País, 21.05.13).

Los indignados inspiraron la movilización mundial del 15 de octubre de 2011 (15-O) promovida por las redes sociales. Participaron 951 ciudades -de México: Monterrey, Puebla, Tijuana, Distrito Federal y Veracruz- de 82 países. El estado de ánimo por el acaparamiento de la riqueza y la expansión de la pobreza y la desigualdad se expresó en pancartas donde se leía: «Somos el 99%». De acuerdo con un informe de Oxfam -confederación internacional de organizaciones no gubernamentales fundada en Reino Unido-, el 82% del dinero producido en 2017 lo concentra el 1% más rico de la población global. «No puedes comer dinero», le reprocharon a la élite los indignados. (Con datos de Wikipedia.)

La protesta Occupy Wall Street, iniciada el 17 de septiembre de 2011, fue una de las más simbólicas por haberse realizado en el principal distrito financiero del mundo. A Nueva York se sumaron Boston, San Francisco, Los Ángeles y Chicago. La atención se volvió a centrar en las corporaciones y en el 1% más rico, acusados también de evadir sistemáticamente al fisco. En ese contexto de indignación social, repudio a la partidocracia, corrupción exacerbada y desencanto democrático llegaron al poder dos populistas: Donald Trump y Andrés Manuel López Obrador.


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