×
Jesús González Schmal
Jesús González Schmal
ver +

" Comentar Imprimir
29 Noviembre 2008 04:35:23
El ejido que dejó Salinas
La fórmula ejidal de tenencia y trabajo de la tierra, de raigambre autóctona, que es trasladada al texto constitucional de 1917 como derecho social primario, ha sufrido, a partir de la reforma salinista de 1992, una clara desfiguración que se hará patente ahora que la crisis financiera exhibe con mayor crueldad la dependencia alimentaria de México y los graves riesgos de una hambruna ya manifiesta en distintas regiones del país.

La privatización o parcelización del ejido como producto de su obsesión liberal-capitalista, cuyo decreto paradójicamente fue publicado un 6 de enero, aniversario de la Ley Agraria de Venustiano Carranza —promulgada en Veracruz— que ordenaba restituir las tierras a los pueblos que habían sido despojados de ellas, logró exactamente lo contrario porque ahora ya no se necesita arrebatarle las tierras a los pueblos; basta con comprar las mejores de éstas con sus derechos de agua a los precios más bajos.

Basta igualmente recorrer ahora las zonas rurales de México y comprobar que prácticamente todos los ejidos han sido urgidos a parcelizar, es decir, individualizar lo que antes era colectivo, para registrarlos como propiedad privada y subastarlos a quien se interese en comprarlos; eso es lo común. Todo ello para que el ejidatario adquiera una camioneta chocolate y se vaya a radicar a la ciudad más próxima a probar suerte. Las tierras, a su vez, están siendo acaparadas por quienes especularán para fraccionarlas o reservarlas sin producir como inversión parasitaria.

Los que quedan en el núcleo ejidal sabrán que ya no existe el interés de los que se fueron ni de los que aguardan en espera de irse también. Como ya no hay cohesión de grupo, se abandonan las actividades agrícolas y se utiliza el tiempo para ir a recoger el subsidio del Procampo, las pensiones de los viejos o las becas en despensas a las mamás de los niños que los lleven a las escuelas.

Ya no hay tareas comunitarias obligatorias en las que todos destinaban un día de la semana para arreglar caminos, limpiar acequias, remozar la escuela y la iglesia, etcétera, etcétera. Ahora cada uno tiene su parcela registrada y nadie podrá arrebatarle ese derecho, aun cuando incumpla con deberes elementales de su ejido.

El gobierno federal le tapa el ojo al macho simulando apoyos a la producción agropecuaria con rebajas del precio del diesel, descuentos en compra de maquinaria, semillas y fertilizantes de baja calidad, etcétera; pero todo se administra y opera de tal modo que nunca llega a tiempo, y si los ejidatarios los reciben alguna vez, a los pequeños propietarios que tradicionalmente tenían esos complementos ya no les llega porque dizque se agotan los presupuestos.

El trabajo agrícola, silvícola, pecuario, etcétera, es verdadera prioridad nacional. Haber desmantelado toda la infraestructura de soporte a estas actividades primarias, integrada por instituciones como fueron Conasupo, Aseguradora Agrícola, Banrural, Productora de Semillas, Fertilizantes Mexicanos, etcétera, fue una traición al futuro de los mexicanos que no podremos pagar nunca por sus altos y dolorosos costos sociales.

Profesor en la Facultad de Derecho de la UNAM

Imprimir
COMENTARIOS



0 1 2 3 4 5