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Jorge Zepeda Patterson
Jorge Zepeda Patterson
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10 Marzo 2013 04:06:00
El elefante en el cuarto
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El gobierno de Enrique Peña Nieto ha disminuido el problema de la inseguridad mediante el sencillo expediente de no hablar de él. Desde luego la realidad suele ser más terca que las palabras que la describen; las cifras de criminalidad y asesinatos no han disminuido, simplemente no se mencionan. Los sicarios siguen derramando sangre y extorsionado negocios sin ninguna consideración a los tiempos políticos y han dejado en claro que les tiene muy sin cuidado que el Presidente los ignore en sus discursos. Ellos a lo suyo.

Pero eso no quiere decir que los silencios no funcionen. Están resultando sumamente eficaces para atenuar la enorme crispación que el tema de la inseguridad había alcanzado en la conversación pública. Buena parte de la sensación de alivio que ha provocado el arribo del PRI a Los Pinos reside exclusivamente en la construcción de una nueva narrativa por parte de la autoridad. Convencernos de ignorar al elefante que está dentro del cuarto, aunque sea por un rato, propicia un ambiente más relajado (mientras no sea uno el que resulte aplastado en el siguiente desplazamiento del elefante, claro).

Lo que ha hecho el PRI es ganar tiempo. Tarde o temprano la métrica de la criminalidad nos estallará en la cara, porque en última instancia no es una cuestión de apreciaciones, sino de números. Pero el tarde o temprano puede llevarse el resto del año. El Gobierno federal apuesta a que para entonces la aplicación de los programas de prevención y las nuevas medidas de combate al crimen organizado hagan sus primeros efectos. Si logran que para noviembre o diciembre comiencen por fin a disminuir sistemáticamente las cifras de la criminalidad habrán conseguido su objetivo. Incluso si 2013 arroja un saldo rojo similar a 2012. Al aparato de comunicación oficial le bastará con que la punta de la tendencia se haya inclinado, para festinar el éxito de su estrategia y el inicio de la pacificación de México.

O sea, oficio hay. Basta decir que el silencio del gobierno de Peña Nieto en materia de inseguridad se ha contagiado a buena parte de la sociedad. La opinión pública se ha comprado este argumento en más de un sentido. En las últimas semanas los periodistas y medios de comunicación recibimos reproches del público cuando publicamos notas sobre ejecuciones multitudinarias, violaciones a extranjeras en sitios turísticos o balaceras entre bandas del crimen organizado. Comenzamos a sentirnos como “aguafiestas” por el simple hecho de reportar lo que está pasando. Parecería que es políticamente incorrecto hablar de asesinatos de migrantes centroamericanos, ejecuciones de ediles y notas similares.

El gran cómplice de este silencio comodino es el propio hartazgo de la sociedad. En éste, como en otros temas, el PRI se está luciendo gracias a la torpeza del gobierno panista que se fue. La obsesión de Felipe Calderón para restregarnos en la cara todos y cada uno de los días el peligro en que vivíamos terminó por saturarnos. Y en esa saturación ha encontrado Peña Nieto el principal aliado para la tarea de prestidigitación de desaparecer al elefante del cuarto.

El problema con la magia escénica es que ésta dura mientras el público se la crea. Las guardias de autodefensa que han surgido, con razón jurídica o sin ella, por diversas zonas rurales revelan que los que están junto al elefante no se pueden permitir el lujo de ignorarlo. Desde la lejanía es muy fácil criticar la inconveniencia de la justicia por mano propia, así sea preventiva. Pero la proliferación de este tipo de grupos de autodefensa muestra que el Estado simplemente no es capaz de garantizar los mínimos de protección a los habitantes de amplias zonas del país.

Algunos aseguran que este nuevo fenómeno es resultado de la disminución de tropas federales desplegadas en el territorio. Quizá. El Gobierno tendrá que hacer un balance cuidadoso para desmilitarizar el conflicto y, al mismo tiempo, no perder la batalla. Pero ése es tema para otro artículo.

Por lo pronto, lo que llama la atención es el enorme éxito del Gobierno priísta para dominar la agenda de la conversación pública. Ha ganado un tiempo muy valioso para atacar el problema de fondo. Pero a la larga sobrevendrá lo inevitable: entregar resultados aceptables o enfrentar las reacciones de las expectativas desengañadas. El problema de los elefantes ignorados dentro del cuarto es como el de los astros de Galileo: y sin embargo, se mueven.


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