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02 Julio 2019 04:05:00
El esqueleto sostendrá la carne pesada de las piedras
Elena Gómez.- Marguerite Antoinette Jeanne Marie Ghislaine Cleenewerck de Crayencour, conocida como Marguerite Yourcenar -seudónimo que ella y su padre inventaron-, creó mundos inexistentes a partir de historias o leyendas escuchadas durante las travesías que hizo por el mundo desde temprana edad. La autora de Memorias de Adriano y Opus nigrum, además de escribir, lo que más amaba era viajar. Tanto que declaró a Grecia como su patria espiritual.

Resultado de sus experiencias por el mundo es Cuentos Orientales, libro que publicó en 1938, y en el que reúne 10 historias, algunas de las cuales son transcripciones de fábulas o leyendas auténticas desarrolladas por Crayencour, la primera mujer elegida miembro de número de la Academia Francesa de la Lengua en 1980. Cómo se Salvó Wang-Fo se inspira en un apólogo taoísta de la antigua China. La Sonrisa de Marko y la Leche de la Muerte provienen de baladas de la Edad Media.

Kali decapitada, de un mito hindú, el mismo que sirvió a Goethe de tema para El Dios y la Bayadera, y a Thomas Mann para Las Cabezas Trocadas. El Hombre que Amó a las Nereidas y La Viuda Afrodisia, parten de supersticiones de la Grecia de entre 1932 y 1937. El Último Amor del Principe Genghi ha sido extraído de una novela japonesa del siglo 11: Genghi Monogatari de Shikibu.

En estos textos, la escritora Francesa nacida en Bélgica, nos lleva de la mano a conocer la esencia de cuentos legendarios de Grecia, Asia y Los Balcanes. Las imágenes que recrea son contundentes, por terribles y hermosas -como en La Leche de la Muerte, uno de los cuentos que más me conmovió-: Los campesinos serbios, albaneses o búlgaros saben que un edificio se hunde por no haber tenido cuidado de encerrar en sus cimientos a un hombre o a una mujer, cuyo esqueleto sostendrá la carne pesada de las piedras.

Esta estampa hizo eco en mí porque me trajo de vuelta en la memoria la leyenda de los constructores mexicanos que habla de que, cuando construyen una presa, deben enterrar en su cortina a un recién nacido con el propósito de que su llanto avise de un probable derrumbre o desborde.

Es curioso cómo las historias y sus palabras ruedan por el mundo y en el tiempo y llegan después de viajar a nosotros. La voz sublime de Marguerite -una de mis más amadas- nos acompañará siempre por fortuna en su legado literario. Los invito a adentrarse en su majestuosa narrativa.
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