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Carmen Aristegui
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Carmen Aristegui Flores. Periodista y conductora de programas de radio y televisión de amplia experiencia y reconocimiento en México.

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11 Mayo 2019 04:08:00
El etiquetado
Algo grave ocurrió esta semana en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Se votó una resolución de alto impacto con criterios que van en contra de lo que han planteado especialistas, científicos y organismos internacionales.

Con tres votos contra dos, la Segunda Sala rechazó el amparo promovido por El Poder del Consumidor y la Alianza por la Salud Alimentaria contra las actuales reglas del etiquetado en alimentos y bebidas procesados. Desechó el amparo otorgado por el juez Fernando Silva García que colocaba por delante los derechos de los consumidores, antes que los poderosísimos intereses de la industria de bebidas, alimentos chatarra, procesados y ultraprocesados.

Tres ministros impidieron que, por la vía judicial, se modificara el actual etiquetado que lejos está de ayudar al consumidor a saber con claridad los ingredientes que consume y qué efectos causan en su salud. Para los ministros que avalaron el proyecto, no hay problema: el etiquetado establecido en México, conocido como GDA, es entendible, es útil y punto. No hay razón para
modificarlo.

La resolución, de suyo grave, se agrava más al saberse que el proyecto basó sus argumentos en referencias internacionales tergiversadas o abiertamente falsas.

Esta misma semana, los representantes en México de la FAO, OMS y Unicef dijeron, con todas sus letras, que el proyecto de sentencia contenía afirmaciones erróneas sobre las verdaderas recomendaciones que estos organismos han hecho sobre el etiquetado frontal de alimentos y bebidas.

¿Tuvieron noticia los ministros de este pronunciamiento público que pretendió alertarlos de tan grave irregularidad? Por lo visto no o, peor aún, no le dieron
importancia.

¿Cómo llegaron a citarse “equivocadamente” en tan trascendente proyecto afirmaciones que hacían decir a estos organismos cosas que nunca dijeron? Los expertos están escandalizados. Lo que la SCJN votó permite que siga sin marcarse diferencia entre los azúcares añadidos a los productos o “azúcares libres” y los azúcares naturales contenidos en frutas, verduras o lácteos. Alejandro Calvillo, director de la organización promotora del amparo decía, horas antes del fallo, que lo que la Corte estaba a punto de aprobar era tanto como validar que es lo mismo comerse una manzana que tomarse una Coca-Cola.

No informar, con toda claridad, cuantos azúcares libres se le añaden a los naturales que ya traen los productos y cuál es la diferencia entre unos y otros impide que quien consume haga sus propias valoraciones de lo que ingresa a su organismo y de lo que sucede con ello. No se requiere de mucha ciencia para entender lo que pasa cuando a las personas se le regatea o abiertamente se les oculta información.

Afirmar en un documento judicial, del máximo tribunal, algo que no se sostiene científicamente y citar mañosamente lo que nunca han dicho las autoridades mundiales en la materia para sostener un fallo que es contrario al interés general de la sociedad, es sumamente delicado. ¿Quién redactó el documento? ¿Quién se hace cargo de haber proporcionado a los ministros información que ha sido desmentida por los organismos citados?

El debate del miércoles entre los cinco ministros, uno supone, tendría que haber sido intenso, si tomamos en cuenta que uno de los miembros de la Segunda Sala, Fernando Franco González Salas, elaboró un pri-mer proyecto sobre el tema, mismo que fue desechado y asignado a Luna Ramos, quien deberá elaborar uno nuevo.

Lo que Franco planteó en su momento es la antítesis de lo que fue aprobado ahora. El ministro planteaba que el etiquetado actual tenía que dejar de ser aplicado, justo porque ¡era contrario a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud! A la hora de votar, tenía ante sí un documento que decía todo lo contrario.

¿Qué habrá dicho el ministro Franco este miércoles en el debate? El ministro Franco, obviamente, votó en contra. El presidente de la sala, Javier Laynez, estuvo a la altura y también votó en contra. A favor de mantener el actual etiquetado estuvieron: Yasmín Esquivel, Medina Mora y Pérez Dayán. ¿Alguien les avisó a estos ministros del colapso en salud pública por el que atraviesa México y la emergencia epidemiológica por diabetes y obesidad producida, en buena medida, por el consumo masivo de productos ultrapro-cesados cuyas etiquetas nadie lee y si las lee, no las entiende?


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