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María del Carmen Maqueo Garza
María del Carmen Maqueo Garza
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Coahuilense, médico pediatra, apasionada de la palabra escrita. Desde 1975 ha sido columnista en diversos periódicos regionales. Bloguera a partir del 2010. Participa activamente en el Taller literario “Palabras al viento”. Tiene varios libros publicados. Inquieta por la problemática social, en particular la relativa a nuestros niños y jóvenes. Sus colaboraciones invitan a asumir que la resolución de esos problemas es tarea común para todos. Su blog: https://contraluzcoah.blogspot.com/

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15 Marzo 2020 03:30:00
El exilio de la razón
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¡Se acabó el papel de baño en el comercio! Lo atribuyen a la pandemia por coronavirus.

Acudí a una tienda departamental a surtir la nota. Entre otras cosas, buscaba un bote de gel antibacterial. Sucedió lo que me temí, no había un solo bote de este producto en toda la tienda y me sorprendió ver el pasillo donde se vende el papel higiénico, totalmente vacío. Ni un triste rollo huérfano de tan noble y humilde producto había quedado.

Recurrí a internet buscando información de otras partes del mundo; el fenómeno era el mismo. Un especialista se refirió a esto con un término que me pareció iluminador. “Efecto rebaño”, que se explica de muchos modos. Yo lo haré con un ejemplo de mi imaginación: digamos que estamos en crisis –como ahora– y de repente vemos a uno o dos clientes comprando grandes cantidades de velas aromáticas. En redes sociales, alguien dice que un doctor en Kazajistán publicó acerca de la curación mediante velas aromáticas. No nos queda claro cómo sucede esto, pero sí entendemos que hay que surtirnos de velas, antes de que venga el tumulto y se las lleve todas. Ya luego investigaremos la causa. A partir de lo que vemos, sin recurrir al pensamiento lógico, actuamos desde la mercadotecnia: si “todos” están llevando velas, yo también lo haré, y ¡zas!, en una mañana se vacían los estantes de velas aromáticas. Con seguridad algún experto esté ya adivinando que este efecto rebaño representa una maravillosa ventana de oportunidad.

Esa sensación tan extraña de vacío con que me vine de la tienda finalmente tomó nombre y apellido, y pude entenderla, y así hablar de ella. El ser humano del siglo 21 flota en un universo consumista que lo manipula. Una situación como la pandemia del coronavirus es un excelente escenario para entenderlo.

El ser humano actual se considera informado. Recurre a las redes sociales, googlea y da por hecho que tiene información de primera mano.

Poco o nada repara en qué se dice, quién lo dice, y desde dónde lo dice. El mejor ejemplo está aquí, ante nuestros ojos. No sé cuál se suponga que sea la función del papel higiénico frente al coronavirus. Tal vez piensen utilizarlo como mascarilla (el rollo entero, sobre nariz y boca, respirando a través del tubo como topos), o plegarlo para aplicarlo sobre la nariz). La utilización en las porciones anatómicas tradicionales no viene al caso, puesto que la transmisión es respiratoria, no digestiva ni urinaria. Alguien dijo “hay que comprar papel”, corrió a hacerlo, el otro lo vio y lo imitó, y detrás de él toda una comunidad, y otra y otra, hasta que se agotó el producto en las tiendas departamentales del mundo.

Henos aquí frente al espejo del coronavirus, sintiéndonos los grandes informados, pero actuando conforme a lo que otros determinaron que hiciéramos. ¡Vaya! ¿Y quiénes son estos otros? ¿Qué intereses económicos existen detrás de sus publicaciones?

Este es el mejor momento para sentarnos con calma, respirar hondo, hacer una lista de medidas para protegernos unos a otros. Guardar las expresiones afectivas para después, respetar el espacio vital de cada uno, evitar aglomeraciones. Lavarnos las manos, desinfectar superficies que todos tocamos, como barras de carritos de supermercado, pasamanos y demás. Aprender a toser y a estornudar “como Batman”, colocando el codo sobre nariz y boca. No compartir utensilios que van a la boca; no tocarse la cara. Pero, sobre todo, aprovechar este resquicio de tiempo para analizar cómo las redes sociales se han propuesto exiliar a la razón. Y lo más importante, saber si lo permitiremos.


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