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Redacción
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17 Mayo 2012 03:00:41
El éxito (Parte 2 de 3)
Por: ANSPAC

Muchas personas se preguntan las razones de su relativo estancamiento o falta de éxito en la vida. Me basaré en la famosa lista del santo Tomás de Aquino, la cual ha sido utilizada en muchas escuelas de formación, como una hermosa y valiosa herramienta que ha sido capaz de generar reflexión en muchos hombres de negocios, o también de la vida cotidiana, y generar la rectificación necesaria que nos permita “aliviar” la carga que nos impide mayores satisfacciones en nuestra vida.

El primero de estos “lastres” es la vanidad. Es esa negativa tendencia a buscar halagos por logros intrascendentes, digamos que por cualquier cosa que hagamos. El vanidoso vive pendiente de la opinión ajena y de ocupar el centro de atención de quienes le rodean. Se desgasta en intentar no pasar inadvertido y hasta busca aprobación o loas en personas de dudosa reputación. No le interesa asumir retos importantes y tratar de competir por metas de importancia. Eso es muy riesgoso, lo que busca es halagos y verse rodeado de comentarios gratos… hasta por detalles como su apariencia o forma de vestir. Es bueno saber que todos tenemos algo de vanidad en nuestros sentimientos y tenemos que saberla “gerenciar” para evitar que nos traicione o desvíe de nuestras verdaderas y trascendentes metas. Cualquier gerente, un alto ejecutivo, un gobernante, un importante líder o un ama de casa que pueda ser “arrastrado” por la vanidad, se alejarán de sus certeros rumbos y puede ser “manejado” hacia metas insanas por aquellos que le manipulen su vanidad y lo lleven por sendas no convenientes para la empresa, institución de gobierno, la organización, o el hogar que se encuentre en sus manos.

El otro vicio o lastre es la ira descontrolada. Las personas que reaccionan con demasiada fuerza, incluso con violencia verbal o física, son presa de sus “estallidos” y nunca pueden ser exitosos o felices. El gerente que sufre de ira se encuentra en manos de sus impulsos y cae fácilmente en provocaciones, con lo cual se evidencia ante su entorno y pierde todo respeto y reconocimiento. Un líder consciente de esta limitación, sabe que se expone a perder mucho con sus rabietas y se dedica a controlar este aspecto para evitar que le deteriore su carrera y lo lance al despeñadero. Un ama de casa puede hacer que todo sea un caos en su familia si no puede controlarse.

El tercer elemento es la envidia. Nada es más frustrante y limitativo de la felicidad que molestarse por las propiedades o el éxito que otro pueda tener. La envidia nos llena de rabia e insatisfacción, nos cargamos de pesada y negativa energía, que nos impide valorar nuestras cosas y obstaculiza que nos dediquemos a conseguir nuestras cosas. La envidia es un germen destructor que nos produce dolor y malestar por el éxito o felicidad ajena y es un peligroso combustible que alimenta la corrupción y los actos reñidos con la honestidad y la transparencia en nuestras vidas.

La apatía, también conocida como el vicio del monje, es esa tendencia a ser indiferente ante la vida. Es esa carencia de “energía” interna para perseverar en la búsqueda de algún objetivo en la vida. Es la flojera, la desidia y la falta de voluntad para persistir en nuestras metas y no descansar hasta que es alcanzada.
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