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José Luis del Río y Santiago
José Luis del Río y Santiago
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Actualmente es rector de la iglesia San Pablo Apóstol, ubicada en Los Valdés y encargado de la Comisión de Nuevas parroquias en la Diócesis de Saltillo, y catedrático en el Seminario de Historia de la Iglesia y Teoría Odegética. Su trayectoria por tres décadas en el Ojo de Agua lo distinguen, y más aún el hecho de que sea el único sacerdote exorcista autorizado, estudios que cursó por cuenta propia, además de actualizaciones a través de cinco congresos internacionales.

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17 Enero 2011 04:00:10
El exorcismo antes y ahora
(I de V)
El exorcismo es una acción que Jesús practicó frecuentemente en los tres años de su vida pública. Él, en efecto no sólo anunció el Reino de Dios, no sólo predicó la conversión del pecado, perdonando a los pecadores arrepentidos y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia, sino que también, frecuentemente, “expulsó demonios”, esto es, liberó a las personas que estaban poseídas y eran atormentadas, física y psicológicamente, por el demonio. La acción de exorcista, fue para Jesús una misión de extraordinaria importancia, porque, liberando a la gente de la esclavitud de Satanás, demostraba que Él era el Señor de la vida, el Redentor y el Salvador de los hombres, capaz de liberarlos de todo aquello que los arruinaba o destruía. Su lucha contra Satanás fue practicada con un “estilo particular”, con el cual Él se distinguía claramente de los exorcistas de su tiempo, los cuales trataban de hacerlo con prácticas más o menos mágicas, valiéndose de fórmulas usadas en los encantamientos y de otros ritos que Jesús nunca usó. Él expulsaba a los demonios con la sola fuerza de su palabra, ordenándoles irse inmediatamente, y los demonios se veían obligados a obedecerle, sin poder poner la mínima resistencia. No había, en los exorcistas judíos contemporáneos de Jesús, la mínima intención de relacionar la expulsión de los demonios con la venida del Reino de Dios. Relación que, en cambio, en Jesús era “esencial”. El hecho de expulsar a los demonios era una “señal” de que el Reino de Dios había llegado a los hombres y de que el amor salvífico de Jesús ya estaba presente y operante en el mundo: “Si Yo expulso a los demonios con el poder del Espíritu de Dios, esto significa que ha llegado a ustedes el Reino de Dios” (Mateo 12,28).

Jesús, no solamente expulsó Él mismo a los demonios, sino que también concedió el mismo poder a sus discípulos, primero a los que constituían “el grupo de los 12 Apóstoles” para que “estuvieran con Él” y también “para mandarlos a predicar” y para que tuvieran “el poder de expulsar a los demonios” (Marcos 3, 14-15), después, extendió este poder a los “72 discípulos”. Desde entonces la Iglesia conserva este poder y lo ejercita en el nombre de Jesús que se lo ha dado, (Hechos 5,15). El Catecismo de la Iglesia Católica dice: “El exorcismo está destinado a expulsar a los demonios o a liberar de la influencia diabólica mediante la autoridad espiritual que Jesucristo dejó a su Iglesia” (CIC, n.1673). El Ritual de los exorcismos dice: “En el Exorcismo Mayor, la Iglesia, unida al Espíritu Santo, suplica al mismo Espíritu para que venga en auxilio de nuestra debilidad para expulsar a los demonios e impedirles que hagan daño a los fieles. Confiando en el poder del Espíritu Santo que el Hijo de Dios, después de la Resurrección, dio a su Iglesia, ella actúa en los exorcismos, no en nombre propio, sino únicamente en el nombre de Dios o de Jesucristo al cual deben obedecer todos los seres incluyendo el Diablo y demás demonios”.

tanto el Catecismo de la Iglesia católica como el Nuevo Rito de los Exorcismos, reconocen que la Iglesia tiene el poder de expulsar a los demonios de los poseídos y de liberar a las personas o a las cosas de toda influencia demoníaca. Por lo tanto, donde quiera que se encuentre una “acción extraordinaria del demonio”, se puede intervenir con el exorcismo. Cuando se dice “expulsa a los demonios” se refiere a los casos de “verdadera posesión”, en cambio cuando se dice “liberar de la influencia demoníaca” se refiere a los casos de “infestación, vejación u obsesión” del Maligno.








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