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José Luis del Río y Santiago
José Luis del Río y Santiago
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Actualmente es rector de la iglesia San Pablo Apóstol, ubicada en Los Valdés y encargado de la Comisión de Nuevas parroquias en la Diócesis de Saltillo, y catedrático en el Seminario de Historia de la Iglesia y Teoría Odegética. Su trayectoria por tres décadas en el Ojo de Agua lo distinguen, y más aún el hecho de que sea el único sacerdote exorcista autorizado, estudios que cursó por cuenta propia, además de actualizaciones a través de cinco congresos internacionales.

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24 Enero 2011 04:00:23
El exorcismo antes y ahora
(II de V)
El exorcismo tiene una forma “invocativa” y otra “imperativa”. En la invocativa el exorcista se dirige a Dios para que Él intervenga, con su poder, para la liberación de una persona. En cambio, en la imperativa, el exorcista ordena al demonio, en nombre de Jesucristo salir de una persona poseída por él o le prohíbe hacer sentir su influencia maléfica en un lugar, en una casa, sobre un objeto o sobre una persona.

El exorcismo en forma imperativa es autoritaria, esto es, se ejerce en forma de “orden” y no de oración suplicativa. El demonio demuestra que se da cuenta de toda la fuerza de esta orden, a la cual no puede sustraerse o rebelarse.

Aun en el caso de que el exorcismo no obtenga, de inmediato y desde su comienzo, el efecto esperado, sirve, sin embargo, a reducir, cada vez más, el campo de acción y de movimiento del demonio.

Según las normas del nuevo rito, el exorcismo en la forma imperativa puede ser aplicado solamente en los casos en que se tiene la certeza de que se trata de una verdadera posesión. Dice así el ritual: “El exorcista no proceda a la celebración del exorcismo, en su forma imperativa, si no está moralmente seguro de que la persona a exorcizar, está verdaderamente poseída por el demonio”. A la luz de esta norma se puede decir que el exorcismo, en la forma “imperativa” puede ser usado sólo cuando se tiene certeza de la posesión. En cambio, la forma “invocativa”, puede ser utilizada aun en el caso de que no se tenga la certeza de encontrarse frente a una verdadera posesión. En estos casos el exorcismo tiene una función de “exploración y de diagnóstico”, antes de la liberación, debido a que, frecuentemente, la posesión se manifiesta con mayor claridad sólo durante el exorcismo mismo.

En muchos casos, los indicios observables en el sujeto, durante repetidas oraciones de liberación son el “test” decisivo para discernir si se necesita aplicar el exorcismo, (si no se presentan reacciones significativas durante las oraciones de liberación, generalmente tampoco se encontrarán estas reacciones particulares en el transcurso del exorcismo). Por otra parte, es verdadero, que en ciertos casos solamente por medio del exorcismo, el exorcista, claramente se da cuenta si ciertas manifestaciones son o no son de origen maléfico. En cuanto a este problema, hace algunos años, el famoso exorcista P. Gabriel Amorth escribía en uno de sus libros: “Pueden presentarse manifestaciones, ante las cuales, se queda uno perplejo. Porque también, (y son los casos más difíciles) se puede uno encontrar ante sujetos que tienen, al mismo tiempo, enfermedades psíquicas junto con influencias diabólicas, y, una vez que se ha llegado a esta conclusión, será necesario que intervenga tanto el trabajo del psiquiatra como el del exorcista. Precisamente con este fin, de aclarar el diagnóstico, se puede, con amplitud de criterio, proceder a aplicar el exorcismo, basta con que se presenten suficientes motivos de ‘sospecha’. En la mayoría de los casos basta aplicar una sola vez el exorcismo para descartar que se trate de un mal de origen diabólico. Aun para aplicar los exorcismos tiene mucha importancia ‘la práctica’, quien ya la tiene, sabe distinguir cuáles síntomas son significativos y cuáles no, aun teniendo en cuenta de que el demonio, si está presente, hará todo lo posible para no dejarse descubrir. Es, un poco, como el médico, que (para usar un lenguaje común y corriente), adquiere el ‘ojo clínico’”.

Procediendo de esta manera no se llega a practicar exorcismos no necesarios, ni a causar daños, mientras que a veces el exorcista se puede lamentar de haber retrasado el exorcismo. En cambio, no se puede decir lo mismo cuando se trata de tratamientos psiquiátricos, con los cuáles muchas veces los enfermos llegan a ser saturados de medicamentos con el único resultado de intoxicarlos y de causarles continua somnolencia. A veces el psiquiatra, dando medicinas, puede equivocarse y dañar al enfermo, en cambio este riesgo no se presenta si oramos sobre las personas. Se ha presentado el caso de un prominente psiquiatra, maestro en la Universidad, que refería que, cuando atendía a los enfermos, el70% de su trabajo debía emplearlo en remediar los tratamientos equivocados de otros psiquiatras.
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