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José Luis del Río y Santiago
José Luis del Río y Santiago
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Actualmente es rector de la iglesia San Pablo Apóstol, ubicada en Los Valdés y encargado de la Comisión de Nuevas parroquias en la Diócesis de Saltillo, y catedrático en el Seminario de Historia de la Iglesia y Teoría Odegética. Su trayectoria por tres décadas en el Ojo de Agua lo distinguen, y más aún el hecho de que sea el único sacerdote exorcista autorizado, estudios que cursó por cuenta propia, además de actualizaciones a través de cinco congresos internacionales.

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16 Febrero 2011 04:00:37
El exorcismo antes y ahora
V DE V El Nuevo Ritual de los Exorcismos establece que, en cuanto sea posible, no se proceda a aplicar el exorcismo sin el consentimiento de la persona poseída. Sin embargo, la experiencia enseña que, en frecuentes ocasiones, la persona poseída no está en condiciones de expresar su consentimiento para que le hagan el exorcismo, porque desde los primeros instantes del Rito, si no es que ya desde antes, entra en un estado tal de crisis que prácticamente sus facultades intelectuales y volitivas están bloqueadas; y si, por otro lado, el exorcista está convencido de que la persona está verdaderamente poseída por el demonio, puede proceder a practicar el exorcismo con el consentimiento de sus familiares. En efecto, hay formas de posesión en las cuales, desde el principio o, claramente desde antes, el exorcista se encuentra, como en el caso de Jesucristo, frente al endemoniado de Genesaret, en que el enfrentamiento con el demonio, se tiene la forma de un “rudo combate”, más bien que de una “pacífica liturgia”.

Como ha explicado recientemente un exorcista experimentado, el consentimiento es “fundamental”, pero no “forzosamente necesario”. A veces no es posible obtener el consentimiento del poseso porque el estado de posesión le puede estar causando una total incapacidad para expresarlo o se presente tal rechazo a lo sagrado (sacramentos, sacramentales o aun el mismo sacerdote), que no le permitan ser libre interiormente como para poder pedir el exorcismo. Sólo, poco a poco, a medida que avanza el exorcismo, podrá encontrar algún “espacio libre” para dirigir su propia voluntad hacia los medios de salvación de la Iglesia y colaborar a la propia liberación, expresando su voluntad de profunda conversión a Jesucristo.

Muchas veces los familiares, amigos y demás personas que presencian el exorcismo “tocan con su mano” las realidades invisibles y, de esta manera el exorcismo se convierte en un poderoso medio de evangelización, un estímulo para la propia conversión, para la oración frecuente, para desarrollar las virtudes cristianas, un mayor compromiso en las cosas de fe y una vida cristiana más intensa. Se comprende entonces por qué alguno ha definido el exorcismo como un “curso rápido de ejercicios espirituales”.

Un exorcista se ha expresado así: “San Juan Bosco en el año 1862 en sus ‘Lecturas Católicas’ publicó, a propósito del caso de una endemoniada, un escrito de un amigo suyo capuchino, Fray Carlos Felipe de Poirino, titulado ‘El Poder de las Tinieblas’. Mientras San Juan Bosco corregía el escrito ‘borrador’, el demonio le roció la tinta y le embardunó todo. Se trataba del caso de una campesina de Turín que, a consecuencia de una maldición de su hermano, sufrió una vejación diabólica durante la cual, fuera que se encontrara al descubierto o en un ambiente cerrado, era golpeada con piedras lanzadas por una mano invisible, con trozos de pescado, frijoles, nueces u otros objetos. La campesina, del puro susto, se quedó muda. Ante estos hechos, todos corrieron a la Iglesia a orar y todos cambiaron su vida. Y aquella mujer quedó liberada una semana después, recuperando, al mismo tiempo, el habla. Ante estos episodios y algunos otros aun más graves, hoy se guarda silencio. Nuestro grupo de oración nació en la Fiesta de María Auxiliadora en el año 1989, cuando una muchachita de once años, atormentada por pesadas vejaciones (una fuerza invisible la empujaba tirándola al suelo, una vez la sustrajo del automóvil abriéndole la puerta, la hería dolorosamente en las manos y en los brazos), fue liberada milagrosamente el día de la fiesta y de la procesión de María Auxiliadora, después de veinte tardes seguidas en las que ella hacía una hora de adoración eucarística. El resultado fue que se convirtió toda la familia. Para nosotros esta liberación fue un verdadero milagro hecho por Dios, que Don Bosco hubiera querido publicar, si lo hubiera conocido, sin embargo me he contentado con narrarlo como un hecho maravilloso de mi experiencia personal. Se podrían narrar muchos otros ejemplos que revelan la gran insensibilidad y la grande diversidad de opiniones de hoy con respecto al pasado, cuando la conciencia del bien y del mal, de Dios y del Diablo, del Paraíso y del Infierno eran mucho más vivas, y también los casos de vejación, obsesión y posesión diabólica eran mucho menos frecuentes y se resolvían más fácilmente”.
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