0
×
1
Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
ver +
Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

" Comentar Imprimir
08 Octubre 2018 04:00:00
El fanatismo en Tigres y Rayados
Un suceso lamentable tuvo lugar el domingo 23 de septiembre, en Monterrey, previo al partido entre los Rayados y los Tigres, cuando un aficionado de los felinos fue brutalmente golpeado por la barra del conjunto rayado.

El enfrentamiento inició cuando las porras de los dos equipos se encontraron en un punto y bajaron de sus camiones con piedras, puños y palos para retarse. Rodolfo Palomo Gámez, de la porra de los Tigres, quedó tirado en la calle, desnudo y sangrante.

Un video que circula en las redes sociales registró el ataque y se observa el momento en que el hombre está tendido, completamente inconsciente, mientras otros con camisetas del Monterrey lo golpean y apedrean. Eran las seis y treinta de la tarde cerca de Soriana San Bernabé, que no es un polígono de violencia.

Rodolfo sigue vivo, aunque delicado, pues además fue herido con una botella rota. Sin embargo, no era el primer incidente de la temporada, pues el día 15 de ese mes, en el estadio Bancomer, aficionados de Rayados y Chivas protagonizaron una brutal pelea en las gradas al terminar el encuentro, en donde intercambiaron golpes e insultos, teniendo que intervenir los agentes de Fuerza Civil.

Dos de los agresores de Rodolfo ya fueron capturados: Adrián Rosendo “N”, y Cristian "N", ambos de 25 años, habiendo orden de aprehensión contra otros tres y con más de veinte agresores aún no identificados.

Debemos pensar que estos enfrentamientos no tienen nada que ver con el futbol, porque responden más a condiciones de tensión social y personal que a la esencia misma del juego, pero preocupa que se estén transfiriendo a él con cada vez mayor potencia.

El fenómeno de violencia social no paró con la cruel golpiza al aficionado tigre, pues ya en el partido, una parte de la porra de Monterrey repitió cantos de: “los vamos a matar, los vamos a matar”.

Las barras están nutridas de fanatismo, de personas con conflictos internos que buscan resolverlos a través de la pertenencia a una organización que compensa sus debilidades, permitiéndoles reflejar en cantos, en gritos y otros actos sus frustraciones.

En la barra se sienten valer más de lo que valen por sólo su persona, sintiéndola su familia, su apellido. Dejan de estar aislados e intrascendentes: es como si fuera su patria y al defenderla, la resguardan como patriotas. Y no solamente su patria se localiza en el estadio que es sede de su equipo, sino que es inmaterial y por tanto, en cualquier lugar.

En la avenida Aztlán los fanáticos de la barra de los Rayados tuvieron que tomar decisiones importantes: en una lamentable carta abierta de excusa de los hechos, la llamada “Adicción” dijo que todo había sucedido porque la barra felina los había provocado y ellos estaban defendiendo solamente a sus hijos y sus mujeres.

La decisión era defenderse, atacar o dejar pasar el ataque. Las dos zonas del cerebro que están implicadas en la toma de decisiones (el cuerpo estriado y el córtex del cíngulo anterior), que determinan el compromiso entre la recompensa potencial que se obtiene del resultado de la decisión y el esfuerzo mental necesario para evaluar las opciones posibles, estableció para disminuir el trabajo del cerebro que el ataque era la decisión más conveniente.

Activaron lo que los científicos daneses y alemanes han identificado como el “factor oscuro de la personalidad” o “Factor D”. (Morten, Moshagen, et al. (2018) The dark core of personality. Psychological Review) que es la tendencia general a maximizar el interés individual o del grupo en el que se funde la individualidad, sin tener en cuenta el daño que los comportamientos pueden tener sobre los demás.

El Factor D dispara una serie de creencias que sirven como justificaciones que evitan los sentimientos de culpa, vergüenza o similares, que disparan los rasgos oscuros de la personalidad, determinando diferentes tipos de comportamientos y acciones humanas imprudentes y maliciosas.

Los integrantes de esas barras, así como de las sectas y grupos violentos, tienen un alto nivel de actividad en el “núcleo oscuro” de la personalidad, que compone el Factor D, manifestándose en casos de violencia extrema, incumplimiento de normas, mentira y engaño, proyectando la desconexión moral, ese estilo de procesamiento cognitivo que permite comportarse de manera amoral sin sentir remordimiento.

Dice Víctor Frankl que el fanático tiene dos rasgos esenciales: la absorción de la individualidad en la imagen colectiva y el desprecio de la individualidad ajena.

Por ello, deberían limitarse la acción de las barras o porras en los equipos, controlando sus acciones desde la directiva del equipo mismo e imponiendo un código de conducta como condición de su pertenencia. La violencia del fanatismo está en los genes y Rodolfo no será su última víctima si no se limita socialmente.
Imprimir
COMENTARIOS


9

  • 1 2
  • 0
4 2
6 7
8 9 0 1 2 90 91 92 93 94 95