×
JC Mena Suárez
JC Mena Suárez
ver +

" Comentar Imprimir
08 Marzo 2020 03:46:00
El final del arte con luz
Escuchar Nota
Somos inmigrantes en nuestra propia ciudad, desplazados de nuestra profesión o actividad económica, damnificados… y no ha sido un fenómeno natural que nos afectó, tampoco fue una política pública la que nos obligó a salir ni tampoco una guerra la que nos expatrió.

No, es la tecnología, la inteligencia artificial, la automatización que sin darnos cuenta llegó a nuestras manos, entró en nuestra vida como algo lúdico, como un elemento de la vida cotidiana y no nos dimos cuenta de en qué momento restó a la economía, a la profesión, al oficio de una actividad.

Me refiero al fotógrafo, sí, a ese al que acudíamos para que nos tomará las fotografías infantiles para las credenciales, para el pasaporte, la fotografía familiar, del recién nacido, de fechas tan importantes como la boda.

Hoy en la mano de cada uno nosotros hay un teléfono personal que tiene una cámara fotográfica con sofisticados programas operativos que permiten tomar una foto en cualquier momento y lugar.

Sin percatarnos, algunos de nosotros hemos comenzado a trabajar con instrumentos que contienen inteligencia artificial, tecnología que mejora en automático las fotos que tomamos.

Ya no es necesario revelar ni bajar a una computadora las fotos porque desde el teléfono es posible editarlas y aplicar los diversos filtros que el software nos ofrece.

Los tiempos en que se medía la luz con un exposímetro y se colocaba en la lente de los equipos de fotografía un filtro para dar un efecto son ahora parte de la historia. La necesidad de que un fotógrafo que estuviera en la fiesta de graduación, en los quinceaños, en el aniversario es cada vez menos.

La digitalización de la fotografía acabó con la fotografía química, aquella que utilizaba químicos para revelar las imágenes tomadas con una cámara fotográfica producida específicamente para ello. Ahora en la mano se tiene un potente equipo que ofrece un mínimo de 13, 48 y hasta más de 100 megapíxeles que brindan una calidad gráfica brutal.

Ya no es necesario tener todo el equipo que antes requería el oficio o la profesión de fotógrafo con el que se medía la luz y se veía como atenuar la sombra, ya no es así, la inteligencia artificial detecta la sonrisa, encuadra y toma la foto.

Hablando de la apertura de la lente y la combinación de la velocidad en el equipo fotográfico, ya no es necesario saber de eso porque el software del teléfono todo lo hace por nosotros, y entonces el cuarto oscuro, el secado del revelado ya no son necesarios porque vemos el resultado de la toma en segundos.

Los calibres de papel necesario para imprimir una fotografía ya no son forzosos porque ahora el teléfono más básico me da un mínimo de 13 megapixeles que me obsequian detalles impresionantes de cada gráfica.

El retoque de la fotografía ahora se hace con Photoshop, lo artesanal quedó atrás y con ello los fotógrafos tradicionales. En esta ciudad algunos como Mora y García, Fotografía Carrillo, Fotografía Sánchez y Montenegro ya no existen, se acabaron.

En la Fotografía Sánchez cada semana en sus aparadores uno veía uno a quien se casó, a las novias, la Fotografía Montenegro y la Carrillo desaparecieron y es una tristeza que la digitalización de las imágenes acabó con lo tradicional.

Hoy la actividad fotográfica puede realizarla casi cualquier persona, por ejemplo en un evento social se pueden tomar miles de gráficas, escoger la mejor, ir a un centro de copiado e impresión en donde se puede mejorar la foto e imprimirla en el tamaño que sea.

Esta situación me recuerda al chachachá llamado Poco Pelo, que en una de sus estrofas dice: “Poco pelo, Poco Pelo, para qué quieres barbero si tú tienes poco pelo”, ahora, en esta realidad, para qué quiero una cámara y un fotógrafo si tengo un teléfono con poderosa cámara.

Imprimir
COMENTARIOS