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Aida Sifuentes
Aida Sifuentes
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Es originaria de Sabinas, Coahuila. Egresó de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Coahuila y actualmente estudia ingeniería civil en la misma universidad. Colaboró en el Centro Cultural Vito Alessio Robles como correctora de estilo, y se ha desempeñado como periodista cultural. Es ajedrecista profesional y lectora por vocación.

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30 Junio 2019 03:00:00
El gran Capablanca
José Raúl Capablanca (noviembre 1988–marzo 1942) fue el tercer campeón mundial de ajedrez y una de las más grandes mentes que han existido en la historia del juego ciencia.

Fue reconocido mundialmente por su dominio de los trebejos y su carismática personalidad. En 1990 entró en el lugar 27 del ranking de los 200 extranjeros más reconocidas por la población rusa y se estimaba que de cada 250 millones de soviéticos, más de 95 millones sabían quién era Capablanca. 

En la actualidad los aficionados de ajedrez no sólo son adeptos a seguir las partidas de la élite y estar pendiente de los torneos y novedades teóricas que se ponen de moda, sino que también buscan seguir de cerca la vida personal de los grandes maestros.

Las nuevas tecnologías nos permiten conocer qué hacen en sus ratos libres, a dónde van de vacaciones o especular sobre su vida privada o su personalidad: ¿acaso Magnus Carlsen tiene nueva novia? O saber si Anish Giri ha tuiteado alguna broma últimamente.

Una pena que todas estas innovaciones no estuvieran vigentes en la época de Capablanca campeón. Para descubrir su personalidad sólo nos quedan los registros anecdóticos de los diarios y revistas de la época y los comentados en los libros de teoría y práctica del juego ciencia.

Sabemos que, como buen latino, disfrutaba de los bailes, la música y beber. Además que tenía buen éxito con las mujeres. Se imaginan el deleite que resultaría ver una entrevista post mortem del match Capablanca - Alekhine. O las historias de instagram del cubano en la fiesta antes de jugar una partida crucial en torneo.

Su genialidad era tal que predijo que el ajedrez enfrentaría dificultades mayores si continuaba la tendencia de que los jugadores de élite terminaran sus partidas en tablas. Para evitarlo sugirió una variación del esquema de juego, que fue llamado el “Ajedrez de Capablanca” y pretendía jugar en un tablero de 8x10. Suponiendo que cada jugador podría demostrar su superioridad debido al aumento de complejidad del juego.

En el Norway Chess, uno de los últimos supertorneos jugados, se instauró la novedad que después de cada partida que terminara en empate debía jugarse un Armagedón para dictaminar el resultado. Donde la modalidad dicta 10 minutos para blancas y 7 para negras y que blancas está obligada a ganar, porque si empatan la victoria se le otorga a su contrario. El espectáculo rompió récords de visualizaciones en vivo a través de internet desde todas partes del mundo.

¿Qué habría pensado Capablanca de semejante medida? Por su personalidad, a mí me gusta pensar que habría disfrutado del espectáculo. Lástima que estuvo adelantado a su época y nos perdimos de una gran cantidad de tuits, entrevistas en vivo e historias de Instagram.
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