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Salvador García Soto
Salvador García Soto
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Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

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26 Enero 2019 03:58:00
El ‘halcón’ de Washington contra Maduro
Este sábado se cumple el plazo de 72 horas que el gobierno de Nicolás Maduro le dio al cuerpo diplomático de Estados Unidos para que se retire de Venezuela y cierre la embajada y los consulados norteamericanos en vista del rompimiento de relaciones diplomáticas decretado el miércoles pasado, luego de que el presidente Donald Trump desconoció la presidencia de Maduro y reconoció como nuevo presidente “encargado” de Venezuela al autoproclamado Juan Guaidó. Y aunque Trump y su secretario de Estado, Mike Pompeo, han dicho que no obedecerán a un Gobierno al que ya no le reconocen autoridad, a partir de hoy se verá hasta donde pretende llegar la Casa Blanca en su abierta ofensiva contra el régimen madurista.

En Washington se afirma que “todos las opciones están sobre la mesa” en el plan de la administración Trump para obligar a deponer a Maduro de la presidencia y puso en marcha estrategias que buscan aumentar la presión interna y aislar al régimen madurista. Una es cortarle al gobierno de Maduro el acceso a los fondos internacionales de Venezuela, producto de la explotación de la riqueza petrolera del país. Y ayer se produjo un hecho que confirma la operación de Estados Unidos, en la negativa del Banco de Inglaterra para que el régimen venezolano retirara mil 200 millones de dólares en oro que tiene depositados en la institución británica. La solicitud le fue negada a Maduro por el banco inglés por presiones directas de Mike Pompeo y del consejero de Seguridad Nacional de EU, John Bolton, a las autoridades británicas para que impidieran la operación, según fuentes citadas ayer por medios británicos.

Al tiempo que a Maduro le cortan las fuentes de financiamiento, la operación estadunidense de “ayuda humanitaria de 20 millones de dólares” para la oposición venezolana encabezada por Guaidó, es la parte visible de la intención descrita por Bolton para que los activos venezolanos se traspasen ahora al “presidente encargado” y de esa manera apuntalar la consolidación del nuevo Gobierno. Lo único que hasta ahora no le han podido quitar a Maduro es el apoyo de las Fuerzas Armadas.

El que derrocó a Noriega va a Caracas. La estrategia intervencionista de Estados Unidos tal vez es distinta en las formas a los viejos y burdos operativos con que la CIA derrocaba presidentes incómodos para Washington en América Latina, pero en esencia es el mismo juego de poder de la potencia: la política de la zanahoria o el garrote. El “intervencionismo suave” del que hoy hablan los estudiosos también puede recurrir a fórmulas y personajes de la época dura. La Casa Blanca envía a Elliot Abrahams a Caracas para reconocer al Gobierno autoproclamado y, el enviado personal de Pompeo, lleva una misión específica: “restaurar la democracia”.

Pero Abrahams es un “halcón” de la vieja guardia que trabajó con Reagan y con Bush. Elliot fue el artífice del derrocamiento del general Antonio Noriega en Panamá en 1989, además de estar también involucrado en el penoso caso del Irán-Contras en los 80, que investigaciones históricas confirmaron como el uso del narcotráfico para financiar a la contra nicaragüense. Fue parte de la misma operación que en México le costó la vida al agente de la DEA, Kiki Camarena y a su piloto, asesinados en Guadalajara, y por el que fueron acusados y detenidos Rafael Caro Quintero y Ernesto Fonseca.

Abrahams, un diplomático experimentado de 71 años, especialista en temas latinoamericanos y en Oriente Medio, fue condenado en 1991 por ocultar información del escándalo Irán-Contra. Fue secretario de Estado Adjunto para Asuntos Interamericanos de Ronald Reagan y asesor especial de Bush hijo durante la guerra en Irak. Según el diario El País, en los años 80, Elliot tenía colgada en su despacho una primera plana del diario cubano Granma, que siempre mostraba con orgullo: “Abrahams es una Bestia”, rezaba el titular.

Ese es el hombre que Trump manda a “restaurar la democracia” en Venezuela, en un mensaje claro a Maduro de que le van a cerrar el cerco. “Elliot va a ser un verdadero activo en nuestra misión para ayudar al pueblo venezolano a restaurar la democracia y la prosperidad en su país”, declaró Pompeo. Hoy el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sesiona en Nueva York para tratar el tema de Venezuela. La decisión que tome el máximo organismo de seguridad internacional, bajo la clara influencia estadunidense, será clave para saber hasta dónde está dispuesto a llegar Donald Trump en su escalada intervencionista contra el régimen de Maduro.

Por eso se entiende que el desconocido Presidente venezolano pasó de la amenaza de rompimiento con Washington, a la petición reiterada de “diálogo con la oposición” para solucionar el conflicto, aprovechando para ello la propuesta de México y Uruguay que plantearon una salida política a la confrontación venezolana. Ayer mismo el presidente Andrés Manuel López Obrador reiteraba que su Gobierno está dispuesto a fungir como “mediador” en un posible diálogo y ofrecía los oficios de su canciller Marcelo Ebrard.

Pero las señales y mensajes desde Washington no apuntan para nada al diálogo y más bien, como lo dijo Juan Guaidó, “el diálogo sólo sería para hablar del fin de la usurpación”, refiriéndose a una deposición del poder de Maduro. Y es posible que con un “halcón” como Abrahams en Caracas y con el cierre de los fondos internacionales al gobierno de Maduro, los llamados al diálogo hechos por el gobierno mexicano cada vez se vean más lejanos y que, salvo el uso del Ejército que aún conserva de su lado para reprimir y perseguir a los opositores —lo que desencadenaría la violencia—, a Maduro le queden cada vez menos opciones ante el embate abierto y frontal de la Casa Blanca en su contra.
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