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Eduardo Brizio
Eduardo Brizio
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El ex árbitro profesional conoce el comportamiento del futbolista dentro y fuera del campo de juego. Gusta de escribir de forma amena las innumerables anécdotas que su paso por el futbol profesional le ha dejado, claro, sin dejar a un lado la crítica y el comentario puntual cuando un tema polémico está en el aire. Siempre va en favor de la libertad de palabra y acción. Correo Electrónico: [email protected]

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05 Mayo 2010 03:21:48
El Hipódromo de las Américas
Rafael Lebrija se convirtió en una víctima más de Jorge Vergara, pero lo que es increíble es que siempre se suscitan los mismos argumentos.

La noticia ocupó los titulares de todos los diarios y noticieros deportivos del país. Al grito de “dos agujas no se pican”, el Club Deportivo Guadalajara SA de CV (sin aviso, despedido y ahí se ve) fiel a su costumbre, emitió un escueto comunicado en el que elegantemente explicaba que Rafael Lebrija dejaba a la institución caprina para atender sus proyectos personales ¡Órale!

La malas nuevas no fueron una sorpresa para nadie, ya que la suerte de Lebrija estaba echada desde hace siete meses en el mismo instante en que se anunció su contratación; lo que sí cayó como un balde de agua helada, fue el momento inoportuno en que se hace pública, al más puro estilo Vergara, mientras el equipo viajaba a Buenos Aires para disputar el duelo de vuelta de octavos de final de la Copa Libertadores ante el Vélez Sarsfield y cuando todavía se encuentra participando en la gran fiesta del futbol mexicano. No cabe duda de que los “proyectos personales” de don Rafael exigían atención inmediata.

Y digo al más puro estilo Vergara, porque es la enésima representación de la misma comedia. Cuando se hace de los servicios de un nuevo “lacayo”, primer acto: lo anuncia con bombo y platillo y dice: “fulanito de tal cumple el perfil idóneo para el puesto y la institución; llevábamos mucho tiempo buscando una persona con sus características; estamos seguros que hoy inicia una relación a largo plazo que sin duda será fructífera para ambas partes”, al tiempo que el interfecto se enfunda en la casaca de las Chivas y luego ambos personajes se funden en un abrazo fraterno.

Segundo acto: tiempo después, mejor dicho, poco tiempo después, repentinamente, por quítame estas pajas, como si se tratara de un costal de papas, se emite el ya tradicional y escueto comunicado, en donde se anuncia el rompimiento.

Los que lo conocen afirman que el señor Vergara “es de mecha corta”, que no le gusta que lo contradigan, que cuando pregunta ¿qué hora es?, le deleita que le contesten: “la que usted diga don Jorge”. Y me parece que esto lo pueden atestiguar: jugadores, cuerpo técnico y directivos que han transitado por su era.

Bueno, son tantas las personas que Jorgito Vergara ha corrido, que ahora las lenguas de doble filo afirman que invertirá una muy buena parte de su cuantiosa fortuna en... el Hipódromo de las Américas.

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