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Dalia Reyes
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26 Septiembre 2018 04:00:00
El hombro y la mujera
Si el lenguaje inclusivo o neutro asegura el fin de la violencia, yo sería una fundamentalista defensora del “todes”. Mas tengo para mí que no es la vocal final en las palabras, sino el modo muy personal como cada una de las mujeres se autoconstruye y se conceptualiza frente al hombre y, muy interesante, frente a otras mujeres.

Los odios más encarnizados en mi contexto los he conocido entre damas que acaban por sentirse muy machas aplastando a la otra, armadas con un poder temporal que les conceden los sistemas laborales.

El trayecto histórico, social y legal recorrido por nuestras antecesoras en pie de guerra suma más de dos mil años. La lucha iniciada, por alguna innoble razón, no ha sido terminada, así se haya exigido a la sociedad una actitud de igualdad, respeto y equidad por la vía legal escrita, la oralidad jurídica, la literatura, la educación. Una línea de investigación para dar con el error que no permite alcanzar el propósito de esta cosa bélica pudiera ser, si se eligiera una historiografía, que hemos emitido el mensaje al receptor incorrecto: No era a la sociedad, sino a la mujer misma a quien deberían plantearse las exigencias iniciales para detonar la mejora en su condición.

El valor de la mujer se puede tasar desde la acepción de su costo –como en las culturas esclavistas-, de su grado de utilidad –como en la Revolución Industrial-, equivalencia de una cosa frente a otra –la lucha por la igualdad- o la subsistencia y firmeza frente a un acto –la continuidad en esa lucha. En contraste, se mide desde el enfrentamiento al miedo.

En ese sentido, algunas acciones femeninas, a fuerza de demostrar valor, eligen una batalla la cual, antes que fortalecerlas con los logros pasados, las llevan a denostar los derechos de aquellos que están bajo su responsabilidad. Los casos legales en donde se rechazan pensiones alimenticias en pro de demostrar autosuficiencia, son un caso que se sigue discutiendo en las cámaras; no se digan los miles de casos diarios en donde mujeres golpeadas casi hasta la muerte perdonan a su agresor y vuelven a vivir con él.

Así las cosas, la buena jueza por su casa empieza.

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