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Macario Schettino
Macario Schettino
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Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

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04 Junio 2010 03:18:37
El imperio de la ley
La detención del candidato de la alianza de izquierda a la gubernatura de Quintana Roo, Greg Sánchez, pone nuevamente en la agenda el tema de la incredulidad en la justicia mexicana. A pesar de los indicios públicos, la investigación, e incluso denuncias en prensa de periodistas de esa tendencia ideológica, los partidos que impulsaban a Greg sostienen que se trata de una acción política.

Y ese argumento es aceptado por millones de mexicanos, porque tenemos una historia de impartición selectiva de justicia. Puede ser que éste no sea el caso, pero otros ha habido, y recientemente. Y no sólo es que la justicia se haya usado para cuestiones políticas, sino para todo. En México la justicia no es ciega, ni es expedita, ni es nada.

Creo que no nos damos cuenta de cuánto importa esto. Los efectos de tener un sistema de justicia impredecible son ubicuos y graves. Si algo mantiene a México en el permanente subdesarrollo es precisamente la ausencia del estado de derecho, propiamente hablando.

Sin duda la primera evidencia de esto es la dificultad que tiene el mismo gobierno para enfrentar a la delincuencia organizada, que aprovecha la debilidad del sistema de justicia para su beneficio. Sobran historias de delincuentes que han sido detenidos para casi de inmediato quedar en libertad, merced a dificultades técnicas, o a abogados e incluso jueces corruptos. Y si hoy contamos los muertos en decenas de miles, buena parte de este costo social tiene su origen en este fallido sistema judicial.

Pero una evidencia más frecuente, si bien menos violenta, es la violación permanente de la ley en las calles de nuestras ciudades. Desde los franeleros privatizadores y los millones de vendedores ambulantes hasta los restaurantes que ocupan las banquetas, o los antros que venden alcohol a menores. Y por si fuese poco, todos estos grupos de ilegales son tan dueños de las calles que las pueden cerrar cuando gusten, para defender sus privilegios, sin que haya gobierno que lo impida.

El impacto no se queda ahí. El sistema financiero mexicano no funciona precisamente porque el sistema de justicia lo impide. Otorgar un crédito en México es un acto casi suicida, porque cobrarlo se vuelve una epopeya. Por eso la banca no puede dar créditos, porque para compensar su riesgo debería hacerlo a tasas muy elevadas, y eso no es posible. En consecuencia, sólo dan créditos muy seguros (gracias a modificaciones legales muy recientes), o muy caros (como las tarjetas de crédito). Y como con eso no alcanza, la banca mexicana acaba financiándose con comisiones. El peor de los mundos.

Como es evidente, no tener un estado de derecho produce costos muy elevados. Está en el origen de la violencia desatada, de la fractura social y del estancamiento económico. Es decir, México no puede avanzar sin resolver este problema. No se preocupe tanto por la reforma política, o la energética, o incluso por las reformas de seguridad. Mientras el sistema de procuración, impartición y administración de justicia sea lo que hoy tenemos, servirán de muy poco.

Pero resolver este problema no debería ser imposible. Por ejemplo, hoy contamos con una Suprema Corte muy diferente de la que conocimos en tiempos del régimen de la Revolución. Es perfectamente posible construir un sistema judicial diferente, si así lo queremos. No va a ser un asunto rápido, pero basta con empezar para que la dinámica social cambie.

Es claro que el origen de este sistema judicial corresponde a la aplicación discrecional de la ley en el régimen autoritario del siglo pasado, por lo que su solución debería ser igualmente clara. Es necesario iniciar con la aplicación de la ley, de forma paulatina pero consistente. No se puede, de golpe, hacer que todos cumplan leyes que no conocen ni entienden, pero le garantizo que las conocerán y entenderán conforme vean que deben hacerlo. Para que esto funcione, es importante que el Poder Judicial proceda a una revisión de su estructura y procedimientos, que vaya acompañada de un mayor presupuesto. Tampoco esto es cosa del otro mundo.

Sugiero, por ejemplo, un grupo de trabajo del Consejo de la Judicatura, que construya un plan para su propia reestructuración, y sugerencias de cuáles leyes, y de qué manera, empezarían a cumplirse en México sin discrecionalidad. Como de costumbre, sólo en caso de que haya algún interés por lograr que este país sobreviva.

http://www.macario.com.mxtwitter: @mschetti

Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
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