×
José Luis del Río y Santiago
José Luis del Río y Santiago
ver +
Actualmente es rector de la iglesia San Pablo Apóstol, ubicada en Los Valdés y encargado de la Comisión de Nuevas parroquias en la Diócesis de Saltillo, y catedrático en el Seminario de Historia de la Iglesia y Teoría Odegética. Su trayectoria por tres décadas en el Ojo de Agua lo distinguen, y más aún el hecho de que sea el único sacerdote exorcista autorizado, estudios que cursó por cuenta propia, además de actualizaciones a través de cinco congresos internacionales.

" Comentar Imprimir
01 Noviembre 2010 02:00:05
El infierno
Como hemos visto, la Palabra de Dios afirma, sin sombra de duda, la existencia, los sufrimientos y la eternidad del infierno. Esta realidad es un misterio de justicia que va más allá de nuestra razón, sin que esto quiera decir que no sea razonable. Aun cuando nuestra mente se estremezca y sea tentada a revelarse a aceptar la existencia de una pena que sea eterna, no estamos autorizados a callar o a cambiar las palabras de Jesús. Frente a los torpes intentos de desviar a los fieles de la salvación eterna, (que se han registrado a lo largo de los siglos), que ponen en duda algunas afirmaciones de Jesucristo en lo que se refiere al infierno, la Iglesia ha tenido que intervenir, reafirmando todo aquello que Él nos ha enseñado:

La profesión de fe de San Atanasio (siglo IV), reconoce la existencia y la eternidad del infierno al decir: “Aquellos que obran el bien irán a la vida eterna, aquellos que obran el mal irán el fuego eterno. Esta es la fe católica”.

El Sínodo “Endemusa”, celebrado en Constantinopla en el año 543 y aprobado por el Papa Vigilio, reafirma que el suplicio de los demonios y de los hombres impíos no es temporal y que no tendría fin después de pasado algún tiempo, por lo cual no habrá una rehabilitación de los demonios y de los hombres condenados. Este Sínodo, por lo tanto, recuerda que la doctrina relativa a la impenitencia de los demonios y de los condenados es revelada por Dios y no por los hombres.

El Concilio Ecuménico Lateranense IV (1215), presidido y aprobado por el Papa Inocencio III, afirma: “Todos resucitarán en su cuerpo que tienen ahora, para recibir, según sus obras, (sean buenas o malas), unos con el diablo para un castigo eterno, y otros con Cristo para una gloria eterna”.

Los Padres del Concilio Vaticano II llaman a mantener una constante vigilancia, afirmando la existencia y la pena eterna del infierno: “… para que no seamos arrojados, como los siervos malos y perezosos, al fuego eterno (Mt. 25, 41), a las tinieblas exteriores donde será el llanto y el rechinar de dientes (Mt. 22, 13 y 25, 30)”. Más adelante, cita el pasaje del Evangelio según San Juan (5, 29), donde se habla de “resurrección de vida” y de “resurrección de condenación”. Tales expresiones son consideradas como un complemento de las otras palabras, ya citadas, que se refieren al infierno.

En la famosa “Profesión de Fe” de Pablo VI (1969), titulada “El Credo del Pueblo de Dios”, hablando de Cristo, el Papa dice: “Él subió al Cielo, y vendrá nuevamente, en su gloria, para juzgar a vivos y muertos, a cada uno de acuerdo a sus propios méritos, de tal manera que irán a la vida eterna aquellos que respondieron afirmativamente al amor y a la misericordia de Dios, e irán al fuego inextinguible aquellos que, hasta el fin de su vida, lo rechazaron” y, por lo tanto, afirmando la eternidad de la pena de sentido, Pablo VI reafirma, implícitamente, la verdad relativa a la eternidad del infierno.
Imprimir
COMENTARIOS



0 1 2 3 4 5