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José Luis del Río y Santiago
José Luis del Río y Santiago
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Actualmente es rector de la iglesia San Pablo Apóstol, ubicada en Los Valdés y encargado de la Comisión de Nuevas parroquias en la Diócesis de Saltillo, y catedrático en el Seminario de Historia de la Iglesia y Teoría Odegética. Su trayectoria por tres décadas en el Ojo de Agua lo distinguen, y más aún el hecho de que sea el único sacerdote exorcista autorizado, estudios que cursó por cuenta propia, además de actualizaciones a través de cinco congresos internacionales.

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15 Noviembre 2010 04:00:26
El infierno
“Hay tormentos particulares, según la variedad de almas, que son los tormentos de los sentidos. Cada alma es atormentada por aquello que pecó, de manera tremenda e indescriptible”.

También el testimonio de los santos suele ser muy valioso para comprender la realidad trágica del infierno.

Veamos el testimonio de santa Faustina Kowalska, que fue canonizada el 30 de abril del año 2000 por el papa Juan Pablo II.

En su “Diario” describe una visión del infierno que ella tuvo en septiembre de 1936, mientras participaba en unos ejercicios espirituales de ocho días. El texto completo de esta visión, reportada en el número 741 de su “Diario”, dice: “Hoy, bajo la guía de un ángel, estuve en los abismos del infierno. Es un lugar de enormes tormentos que, por su extensión, es espantosamente grande. Estas son las varias penas que vi: La primera pena que constituye el infierno, es la pérdida de Dios, la segunda pena, son los continuos remordimientos de conciencia, la tercera, la conciencia de que aquella suerte no cambiará nunca, la cuarta es el fuego que penetra el alma, pero no la aniquila, es una pena terrible: es un fuego puramente espiritual encendido por la ira de Dios, la quinta pena es la oscuridad continua, con una terrible y sofocante peste y, aunque sea oscura, los demonios y las almas condenadas se ven entre ellos y ven todo el mal de los demás y el propio, la sexta pena es la compañía continua de Satanás, la séptima pena es la desesperación, el odio contra Dios, los insultos, las maldiciones, las blasfemias. Esas son las penas que todos los condenados sufren juntos, pero esto no es el fin de los tormentos. Hay tormentos particulares, según la variedad de almas, que son los tormentos de los sentidos. Cada alma es atormentada por aquello que pecó, de manera tremenda e indescriptible. Hay horribles cavernas, corrientes de tormentos, donde cada suplicio se diferencia del otro. Hubiera muerto con el sólo hecho de contemplar estas horribles torturas, si no fuera porque me sostuvo la omnipotencia de Dios. El pecador debe saber que en el sentido con el que pecó será atormentado por toda la eternidad. Escribo esto por orden de Dios, a fin de que ninguna alma trate de justificarse diciendo que el infierno no existe, o que ninguno diga que pudo estar en el infierno y decir cómo es. Yo, Sor Faustina, por orden de Dios, estuve en los abismos del infierno, con el fin de contarlo a las almas y testimoniar que el infierno existe. Por ahora no puedo hablar suficiente de esto. Tengo la orden de Dios de dejarlo por escrito. Los demonios han demostrado un gran odio contra mí, pero por orden de Dios han tenido que obedecerme. Aquello que he escrito es una “débil sombra” de las cosas que vi. Además, noté una cosa, y es que la mayor parte de las almas que se encuentran ahí, son almas que nunca creyeron que existiera el infierno. Cuando regresé en mí, no lograba, por el espanto, rehacerme, para lograr pensar en las almas que sufren ahí tan tremendamente. Por esto ruego, con mayor fervor, por la conversión de los pecadores e invoco incesantemente la misericordia de Dios por ellos.

“Oh, Jesús mío, prefiero agonizar hasta el fin del mundo con las más grandes torturas, antes que ofenderte con el más pequeño pecado”.
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