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Macario Schettino
Macario Schettino
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Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

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15 Junio 2010 03:37:27
El juego del hombre
No recuerdo quién le puso este sobrenombre al futbol, aunque sí recuerdo haberlo escuchado en la voz de Ángel Fernández, legendario cronista de este deporte.

De acuerdo con las encuestas, 7 de cada 10 mexicanos están completamente concentrados en el Mundial, con poco tiempo para hacer otras cosas, como por ejemplo leer esta columna. Y no crea usted que sólo los mexicanos perdemos la cabeza con este evento, es un fenómeno mundial.

Aunque no es nada fácil medir adecuadamente el número de televidentes a escala global, las cifras que hay indican que el futbol es lo que más convoca audiencia. La cifra más común para televidentes de la final del Mundial pasado es de 638 millones, más de 10% de los habitantes del planeta. Algo así se espera para la final de éste. Y si suma usted todos los partidos, la cifra debe ser varias veces mayor. La FIFA cree que diez veces, de forma que más de 6 mil millones de televidentes verán algún juego.

Hay sabios que podrán explicarle las razones por las cuales vemos deportes en televisión: porque nuestros genes están preparados para la competencia, porque nuestro sentido de grupo así lo manda, porque es un fenómeno que conjuga arte y simplicidad, porque es un deporte que puede jugarse en cualquier parte con sólo un balón. Es más, si añora usted a los marxistas avinagrados, hasta puede conseguir una explicación que mezcle religión, alienación, y control desde la burguesía. Más allá de las razones, la verdad es que el Mundial atrae mucha atención.

Y esta atención significa negocio, claro. Si hay muchas personas viendo algo, hay espacio para comunicar, y ese espacio vale oro. Cuando son cientos de millones de personas, esta frase es literal: es oro. Pero igual que en el caso de los televidentes, las cifras son elusivas. Según la prensa, la FIFA va a recaudar cosa de 3 mil 500 millones de dólares con el Mundial. Cosa de 2 mil 500 millones en derechos de transmisión de los eventos, y el millardo restante a través de patrocinios. Es dinero que se obtiene durante los cuatro años del proceso, y que incluye derechos para mundiales futuros, pero aún así es una cantidad muy importante. En 2009, por primera vez en su historia la FIFA obtuvo más de mil millones de dólares de ingresos, que se transformaron en casi 200 millones de dólares de ganancias. Nada mal para una “organización sin fines de lucro” como está registrada la FIFA en Suiza.

Para el país anfitrión, las cifras son igualmente difíciles de encontrar. Lo más razonable que he visto habla de alrededor de 10 mil millones de dólares que habrá invertido Sudáfrica en la realización del evento. Es una cantidad importante para un país con un PIB de 280 mil millones (más o menos una cuarta parte de México) que tiene que repartirse entre poco más de 50 millones de personas. El PIB por habitante, como puede usted deducir, es de la mitad del que tenemos en México. Es, también, un país con una distribución del ingreso mucho peor que la nuestra (aunque no lo crea, hay más de veinte países con peor distribución que México, todos en África y América Latina, claro).

Debido a estas cifras, para muchos no ha sido una buena idea que el Mundial se celebrara en Sudáfrica, pero es el único país de ese continente que podía organizarlo. No es el mejor gobernado en el continente (es Botswana, su vecino), ni el de mayor PIB (que es Egipto). Pero Botswana es muy pequeño (treinta veces menor, todo su PIB no alcanzaría para organizar el Mundial), y Egipto no está en su mejor momento como para garantizar un evento de este tamaño. Así es que si se quería tener un Mundial en África, Sudáfrica era la única opción.

No creo que esté claro aún cuánto gana un país si organiza un Mundial, o unos Juegos Olímpicos. Hasta que nos tocó a nosotros, los Olímpicos eran la puerta de entrada al primer mundo. De hecho, creo que seguimos siendo los únicos que organizamos estos Juegos y después no cumplimos. El caso comparable es la URSS, que después se vino abajo. Eventos de este tamaño tienen un elevado costo para el país anfitrión, que sólo puede recuperarse si la infraestructura es aprovechable: comunicaciones y transportes, la villa olímpica, los estadios y gimnasios, etcétera.

Es también un gran acto de relaciones públicas para la sede, indudablemente, pero para aprovecharlo se requieren muchas cosas adicionales que no todos los países logran concretar. A México los Olímpicos y el Mundial le dieron gran exposición, que permitió que la locura del presidente Echeverría, quien cosechó en su momento, alcanzara dimensiones globales, con grandes costos para el país. Pero, con otra persona en el cargo, pudo haber sido totalmente diferente. Recuerdo este caso porque Jacob Zuma, el presidente sudafricano, tiene con qué competir con don Luis.

Un mercado adicional que se acelera es el de las apuestas deportivas. Como usted sabe, en otros países esto es legal, y común. Y hay un mercado de apuestas en Internet que también aprovecha eventos de esta magnitud. Entre los apostadores, las calificaciones de la FIFA, y modelos econométricos especiales, hay quienes le dedican tiempo a imaginar lo que pasará en estas cuatro semanas. Lo mismo que hacemos todos nosotros en pequeñas quinielas entre amigos, pero en grande.

Puesto que México juega este jueves, y para no amargarle desde 48 horas antes, dejo para entonces una revisión de las cifras, incluyendo las posibilidades que le dan a México estos tres grupos: la FIFA, los economistas, y los apostadores.
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