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Federico Muller
Federico Muller
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24 Enero 2020 03:00:00
El mercado laboral flexible
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Derivado de la globalización de la economía y las tecnologías digitales, las faenas laborales empiezan a modificarse en las actividades económicas del planeta y, por ende, las leyes que rigen el mercado laboral son susceptibles también de cambios.

Desde finales del siglo 19 las horas de trabajo han disminuido paulatinamente, hasta llegar a la semana de 40 horas -algunos la han llamado “semana inglesa”-, que ha permanecido durante décadas, la cual respondía a los requerimientos de un mercado laboral rígido, de una economía con nulas o pocas interacciones con el resto del mundo.

El anterior era el caso de México, hasta principios de la década de los 80, cuya Ley Federal del Trabajo (LFT) favorecía al trabajador, siempre y cuando este se empleara en el sector formal, sus prestaciones sociales estaban aseguradas, y para poder despedirlo, el empleador tenía que cubrir su liquidación o finiquito. Los horarios de trabajo por horas eran sumamente raros, y más todavía el manejar jornadas menores a 40 horas por semana. A pesar de ello, la economía nacional alcanzaba tasas de crecimiento por arriba de 4% anualmente. En parte, este elevado desarrollo se debía a que se aprovechaba bien la coyuntura mundial, en los países industrializados sus modelos económicos no dependían de las exportaciones para lograr crecimientos, sino del consumo e inversión pública y privada, sectores que se generaban y regulaban domésticamente.

Con las reformas “salinistas” a la Constitución, se abrió la posibilidad de también modificar la LFT, la cual años después se llevaría a cabo. Otro cambio importante que se dio fue la privatización de las pensiones, cuyos fondos ahora administran las Afores. Si bien es cierto las modificaciones a las leyes fueron estructurales, la semana laboral de 40 horas se respetaba, permanecía inmune a los cambios. Sin embargo, la evolución que se está dando en los mercados de trabajo de las naciones con mayor desarrollo económico en el mundo, es probable que influya para su modificación y de 40 horas se pase a horarios semanales más reducidos.

Uno de los proyectos para disminuir la faena de trabajo -por cierto todavía a manera de experimentación-, que implementó una empresa líder en sistemas computacionales en Japón, fue suspender sus actividades productivas durante cinco viernes consecutivos y los resultados no se hicieron esperar: la productividad laboral se incrementó, mejoró la satisfacción de los empleados por las tareas desempeñadas en de la compañía y los insumos (copias, tintas, papel, etc.) consumidos en el trabajo también decrecieron, lo que se acompañó de una reducción en el consumo de energía. Y se pueden ennumerar más ejemplos, pero aún no se ha oficializado su puesta en marcha, tal vez es cuestión de esperar un poco.

También es conveniente mencionar que hay voces discordantes que no están de acuerdo con ese tipo de medidas, argumentando que el nivel de trabajo y de estrés laboral sube entre los trabajadores porque las mismas cuotas de trabajo se tienen que sacar, pero ahora en menor tiempo. Lo que puede ocurrir es que solo a determinadas empresas, dependiendo de su giro, les convenga reducir la semana laboral.

Es un tema que sigue causando controversia, que probablemente se tenga que resolver en el mediano plazo, pasando de un mercado laboral rígido a uno flexible, que incorpora subcontratación, horarios parciales y menos prestaciones para los trabajadores.

Entorno Económico
Federico Muller
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