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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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05 Noviembre 2018 04:00:00
El miedo que le tenemos a los migrantes
Vienen oleadas de hombres, de mujeres y de niños de países de Centroamérica que nos van a quitar el trabajo, la comida, las mujeres y la vida.

Siete ocho, nueve mil hondureños vienen caminando y es una invasión a nuestro país por un ejército sin armas. ¿Qué vamos a hacer con tantos ignorantes en nuestro país? ¿Nos van a destruir nuestra forma de vida? Todas estas ideas y muchas más están incendiando las redes sociales, los comentarios a los artículos de periódicos digitales, las mesas de opinión y las pláticas en las reuniones.

El temor es que Coahuila sea víctima de estas olas humanas, más peligrosas aun que las ocasionadas por la lluvia que baja en torrente de nuestras sierras.

Pero la verdad es que tales caravanas no representan un peligro para las comunidades que sólo las verán pasar, porque los migrantes ven a México como un gran obstáculo en su camino hacia el sueño americano.

Ellos, los centroamericanos, son migrantes forzados por la pobreza y violencia de sus naciones. Es una migración que partiendo de elementos económicos, fueron movilizados por promesas políticas en sus países de origen, diciéndoles que nadie podría detenerlos para entrar a los Estados Unidos si se mueven en grupos numerosos: entre mas, mejor.

Un pequeño grupo de agitadores profesionales, ignoro de qué corriente, desbordó a la organización Pueblos sin Fronteras, que pretendía conducirlos a salvo por México, como lo ha estado haciendo desde hace más de 15 años. Pero no es lo mismo proteger a un ciento que a miles.

Y por supuesto que la intención de esta marcha trasciende la migración económica. Cuando te mueves solo o en familia es un acto individual, pero cuando te mueves en caravana es un acto político. Y entonces se va más allá del sentimiento de compasión por el migrante y se dispara la percepción del miedo ancestral a la horda que conquista.

Con este miedo los nacionalistas empiezan a agitar las aguas para su propio provecho y alertan sobre los peligros de esa gente, seguramente narcotraficantes, violadores y asesinos, en los mismos términos del discurso que hizo ganar al señor Trump la presidencia.

No hay diferencia esencial entre el migrante mexicano que pasa a Estados Unidos ilegalmente y los asesinos centroamericanos que nos invaden. Las imágenes son semejantes. El odio racial, el miedo a la invasión de desconocidos, el rechazo a la identidad cultural ajena a la propia y la aversión al que irrumpe en un territorio sin permiso, aun cuando venga en paz, son los rasgos comunes de la xenofobia en todo el mundo.

El miedo a lo diferente provoca una profunda distorsión en la percepción, que hace sobrevalorar la cultura propia, las tradiciones y la raza, más que todo.

La xenofobia es parte del comportamiento animal en muchas especies de mamíferos superiores gregarios, como los chimpancés, que llegan a mantener verdaderas guerras contra otros clanes que intenten asentarse en su territorio.

La especie humana no es una excepción, y puesto que tenemos dentro del paquete biológico un instinto llamado de agresión intraespecífica, que es el que nos permite matar a nuestros congéneres sin muchos miramientos, lo ejercemos con poco control contra los desarraigados, inermes y hambrientos.

Además, las condiciones actuales de cambio de nuestra sociedad, con alarma generalizada en el sector económico, va a impulsar a sectores inseguros por la inestabilidad presidencial a exigir ejercer acciones extremas para mantener el dominio en un país que temen se les escape de las manos.

El estado de violencia social y la sensación de inseguridad aumentan la agresividad que se vuelca contra todos aquellos a los cuales se consideran diferentes.

Y Centroamérica tendrá rasgos comunes con nuestros estados del sur, pero está muy lejana a la identidad de los estados norteños.

Así que al pasar por Coahuila, la caravana va a recibir rechazo, ataques, insultos y el embestir de la violencia que ya se está preparando. Está surgiendo la xenofobia incluso en formas, lugares y personas que no hubiéramos imaginado.

No podemos cruzarnos de brazos. Si bien el xenófobo no se considera como tal, ya que no sabe de su desajuste perceptivo, su conducta es sin duda una negación del respeto que les debemos a todos.

No dejemos pasar esta oportunidad de realmente educar en la política de inclusión y de cuidado de los derechos humanos, porque si no señalamos las acciones xenófobas, el futuro nos pasará la cuenta con el aumento inmoderado de odio irracional que sólo generará mayor violencia.
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