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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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27 Abril 2020 04:03:00
El modelo sueco
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Anders Tegnell, epidemiólogo de la Agencia de Salud Pública de Suecia, una institución privada que guía al Gobierno sueco en sus decisiones, ha sido el principal arquitecto de la estrategia sueca contra el Covid-19. Como otros países, Suecia ha buscado promover una mayor distancia ente la gente, pero no ha ordenado confinamientos forzosos ni ha usado a la fuerza pública para imponerlos. Los bares y restaurantes han permanecido abiertos, aunque con mayor distancia entre las mesas.

“Las leyes suecas sobre enfermedades contagiosas -explica Tegnell a la revista Nature del 24 de abril-se basan en buena medida en acciones voluntarias, en la responsabilidad individual. Claramente establecen que el ciudadano tiene la responsabilidad de no difundir la enfermedad. Ese es el núcleo del que partimos. No hay muchas posibilidades legales de cerrar ciudades en Suecia bajo la actual legislación”.

La actitud liberal sueca ha sido objeto de furiosos cuestionamientos de políticos e incluso científicos que consideran indispensable la coerción para combatir la pandemia. Tegnell afirma, sin embargo, que las acciones autoritarias no han demostrado ser más eficaces. “Hemos analizado a un número de países de la Unión Europea para ver si han publicado algún análisis sobre los efectos de estas medidas antes de que empezaran y no hemos encontrado casi nada”.

Suecia ha sufrido la pandemia como todos, pero no hay indicios de que su respeto a las libertades individuales haya resultado dañino, como afirman los críticos. El 26 de abril el país registraba 18 mil 640 casos, 97% leves, con 2 mil 194 muertes en una población de 10 millones de habitantes. Son más muertes que las de los países vecinos, como Dinamarca que ha tenido 422 o Noruega con 201, pero menos que las 26 mil 384 de Italia, 22 mil 902 de España o 22 mil 614 de Francia, que sí impusieron confinamientos forzosos. España, que ordenó un aislamiento obligatorio el 13 de marzo, tiene 490 muertes por cada millón de habitantes, mientras que Suecia registra 217. Alemania, que aplicó un régimen de confinamiento menos severo que España o Italia, y que acaba de permitir la reapertura de comercios pequeños, registra 70 muertes por cada millón.

Muchos factores inciden sobre los contagios y muertes, por lo que hay que ser cuidadosos con las comparaciones. Un número muy grande de las defunciones suecas, por ejemplo, se debe a fallecimientos en casas de retiro de la tercera edad. “Esto explica la mayor tasa de muertes en Suecia en comparación con nuestros vecinos -señala Tegnell-. Se están llevando a cabo investigaciones para entender qué recomendaciones no se siguieron y por qué”. Más que la vecindad, el número de días transcurridos desde el primer caso es relevante. Dinamarca lleva 42 días, Suecia 87, igual que España, e Italia 88.

Es mucho todavía lo que tenemos que aprender del Covid-19 y de las estrategias para combatirlo. La enfermedad es nueva y está llena de sorpresas. Sabemos ya que un éxito temprano, como el de Hokkaido, Japón, puede traducirse en una oleada posterior porque mucha gente queda sin inmunidad. También vemos que muchos gobernantes, como Xi Jinping de China o Viktor Orban de Hungría, aprovechan la pandemia para endurecer sus poderes autoritarios.

En medio de todo, el modelo sueco se destaca por no haber ordenado un confinamiento forzoso y por respetar las libertades individuales. Es un ejemplo ante el que no podemos cerrar los ojos.



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