×
Dalia Reyes
Dalia Reyes
ver +
Comentarios a: [email protected]

" Comentar Imprimir
31 Octubre 2018 01:15:00
El mundo me vigila
Si a usted le agobia saber que la esperanza que tenemos cada uno de los 120 millones de mexicanos de ser elegido para aparecer en Big Brother es de 0.0000000120, le tengo buenas noticias: ya nos tocó a todos solo que nadie nos dio la alerta.

Cuando Pedro Ferriz Santacruz afirmaba cada noche que un mundo nos vigila, los adultos interpretaban su referencia a seres extraterrestres echándonos encima su único y pegajoso globo ocular; yo, en cambio, siendo niña no tenía más elementos de traducción que pensar lo siguiente: se refería al ojo avizor de Doña Elvia, la vecina.

Ella tenía un sistema cargado de diplomacia y ahíto de discreción desde el cual dejaba al aludido con desazón suficiente para responder un inocente “gracias” a sus comentarios. Más de una vez se acercó para decirme cuánto le encantó mi vestido color crema con moñitos rojos, el cual vestía yo la otra noche, ya muy tarde, cuando llegué a mi casa acompañada de ese muchacho morenito a quien ya había traído antes como dos o tres veces, pero de día.

Podría jurar que Google, quien nos adscribió a todos los mortales en su reality show, hizo grupos focales con todas las vecinas del mundo para copiar sus estrategias y saber el santo y seña de cuanto uno quiere, pide, sugiere, piensa y desea.

Así lo evidencia la pérdida de intimidad que debemos de pagar los usuarios de redes sociales porque ahora es un robot que suma todos los ojos de todas las vecinas convirtiendo el derecho a la privacidad en la mentira más redonda que conozco.

Si se me quemaron los huevos, Innova llama a mi celular para ofrecerme las ollas con recubierta a prueba de olvidos; si compré un boleto de avión, dos compañías me buscan. A esto se sobrevive con fuerza de voluntad y una autoestima a toda prueba, pues si mi viaje es a la Ciudad de México, las ofertas de vuelos que me mandan tienen destinos a Cuba o Islas Caimán; si adquirí ropa para vacacionar con mi tía de Durango, enseguida un demonio mercadológico me hacen llegar cierto artículo sobre cómo vestir si se me ocurre ir al Cairo, Ginebra o al desierto Saudí.

No pienso en alcanzar los precios para ir a África, ni siquiera me alcanza para comprar la ropa, pero mi autoestima se siente menos lastimada al saber que al menos el Big Brother de Google me ha tomado en cuenta sin que sea yo rubia, boquifloja ni copa talla C.


Imprimir
COMENTARIOS


6

  • 8 9
  • 7
1
3 4
5 6 7 8 9 60 61 62 63 64 65