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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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04 Diciembre 2018 04:00:00
El nuevo lenguaje políticamente correcto
Entre las múltiples cosas que van a cambiar en esta nueva era que inició el 1 de diciembre es el lenguaje de la política. La adecuación de los términos en el discurso, las expresiones y los ejemplos a utilizar, la selección de los conceptos, el ritmo y la lógica a emplear, no sólo van a ser diferentes a los antecedentes cercanos, sino que van a tener una línea de flotación con amplios márgenes en sus fluctuaciones, desde su nivel máximo de corrección, representado por la estructura discursiva de la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, cuyo discurso es claro, adecuado y objetivo y por el otro extremo de la línea está, claro, Paco Ignacio Taibo II, PIT II con su lenguaje florido y sin filtros.

Cerca de cada uno de ellos se sitúan diferentes personalidades, pudiendo percibir a quien impondrá, a muy corto plazo, el modelo de corrección para el sexenio, es decir Andrés Manuel López Obrador, AMLO más cerca de PIT II que de Sánchez Cordero. Sin intentar elaborar análisis de la estructura del discurso de AMLO, vemos que su tono pausado, en ocasiones titubeante y como si estuviera buscando las palabras, con esos espacios críticos de silencio que muchos han atribuido a problemas cerebrovasculares, pero que tal vez sean más estudiados y voluntarios de lo que nos imaginamos, hasta sus palabras incisivas y frases agresivas, tales estructuras de su discurso van a ser adoptados por cada vez más políticos y pudiera convertirse en el modelo de discurso oficial, proyectándose como el nuevo lenguaje políticamente correcto.

Pronto veremos que los discursos oficiales se harán de mayores dimensiones, lentos, coloridos y con invectivas sin regular, salpicado con ejemplos no necesariamente adecuados al tema y estableciendo polémicas con los grupos o personas que se consideren enemigas por estar en desacuerdo. Ignoro si el ejemplo de honestidad del Presidente permeará en sus subordinados, pero creo que sus actitudes, su lenguaje y algunos rasgos de su personalidad van a ser imitados, algunos con total intención y otros muchos inconscientemente, en función de ese sesgo cognitivo llamado efecto de percepción ambiental, porque el ambiente produce una gran influencia en el comportamiento de los individuos, que trasciende el dominio de los genes o la educación y el individuo tiende a variar su comportamiento en función de cómo percibe su entorno.

Cuando se intuye un ambiente de caos transformador en donde las reglas no existen, son despreciables o están en proceso de cambio y además se tienen elementos de poder, las personas tienden a homogenizar su actitud con la de su superior como una manera de frenar la angustia que siempre provoca la indefinición de las estructuras sociales, que al ser caóticas permiten la comisión de acciones ilegales con el consiguiente riesgo de castigo.

Así, si quien duda en la corrección de su comportamiento político asume los rasgos de la personalidad de su superior, que goza de alta aprobación en el colectivo, la posibilidad de equivocarse o ser reprendido es menor o desaparece, porque el jefe supremo está lejos de toda crítica. Y dentro de la banda de flotación del nuevo discurso oficial, ya no tanto como el aspiracionalmente correcto, pero sí como un modelo al que Noroña o Salgado Macedonio tenderán con facilidad, está el de PIT II, con su paradigmática frase de “Se la metimos doblada, camarada”, que dijo en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, y que reflejó a la penetración involuntaria, forzada, como la mejor forma de ganarle al rival, quien este sea.

El uso de las llamadas “malas palabras”, palabras que descargan la agresividad del sujeto que las pronuncia, de una manera económica y sin daño aparente, pueden en el terreno de la política resultar desde seductoras hasta insultativas en extremo y en un momento dado hacer desaparecer las posibilidades que antes de pronunciarlas eran altas. El lenguaje humano es potente, pues no solamente describe lo que existe en la realidad, no sólo informa, sino que además expresa las actitudes y los sentimientos del que habla, dando a las palabras un impacto emotivo. Todo lo que decimos tiene un significado literal y un impacto emotivo.

Una idea literal puede cambiar mucho dependiendo del significado emotivo que se le dé. Y en el caso de PIT II su frase no fue ni graciosa ni afortunada, porque no solamente se tuvo que disculpar públicamente de ella, además reveló sus problemas sexuales más allá de las intenciones de promulgar una victoria que no se dará como él la quiere. La frase “por su boca muere el pez” parece que será la favorita del sexenio.
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