×
Federico Muller
Federico Muller
ver +

" Comentar Imprimir
22 Febrero 2019 03:50:00
¿El nuevo Pemex?
Desde que inició la Administración federal encabezada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, la principal empresa del Estado, Petróleos Mexicanos, ha estado en la palestra por las críticas y señalamientos de periodistas y expertos en materia de energía.

Desde hace varios decenios, la exportación de petróleo fue una de las principales fuentes de financiamiento del Gobierno federal (estimaciones conservadoras calculaban que más de 40% de lo recaudado por la administración hacendaria provenía de Pemex). Las coyunturas que se presentaron como el descubrimiento de grandes mantos petrolíferos (Cantarell) y el aumento en los precios internacionales del crudo permitieron encubrir los problemas estructurales que padecía la empresa.

Si bien es cierto Pemex fue desatendida en el pasado, con severos recortes presupuestales, descuidando la financiación de nuevos proyectos para exploración, mantenimiento y modernización de las refinerías, ello, de ninguna manera, justificó que nunca se pensara en su reestructuración. Siempre se dejó de lado el poder desmedido de su sindicato, su desproporcional endeudamiento, sus pasivos laborales y baja productividad de sus trabajadores. Infortunadamente, siempre se consideró como un alfil político del Gobierno, que acomodaba a sus dirigentes sindicales y directores de acuerdo con su beneficio político, sin importar en lo más mínimo su rentabilidad económica.

En el Gobierno del presidente Enrique Peña Nieto se trató de paliar la situación financiera de la empresa mediante la reforma energética, utilizando a la inversión privada (compañías internacionales) para sustituir algunas funciones que en el pasado hacía. Ya en los círculos del poder se sabía de su deplorable situación financiera y se quiso tirar un salvavidas a la otrora paraestatal para su supervivencia, lo que se acompañó con la creación de un esquema de gobierno en donde asesores independientes intervinieran, a través de un consejo, en las decisiones que tomara la empresa. En otros términos, se buscó la descentralización del poder. Es probable que la propuesta que se tenía fuera factible económicamente, pero desde mi punto de vista fue tardía y no alcanzó a madurar bajo el régimen del PRI.

El problema de los malos manejos de los recursos públicos ha estado presente desde su creación. Se comenta que el único director que ha tenido Pemex, y que sabía sobre petróleo, fue Jorge Serrano, quien irónicamente terminó en prisión.

Fuera de ese personaje, el resto de los nombramientos han sido por amistad o intereses con el Presidente del país en turno. Históricamente y por desgracia, en esta nación la mayoría de las empresas públicas no ha sido bien administrada; culturalmente se asocia lo público con dispendio e ineficiencia económica. El sentido social que se pudiera tener rápidamente se diluye en malos servicios y bancarrotas.

Actualmente, la evolución tecnológica que se presenta con la utilización de energías alternas que sustituyan a las fósiles hace del petróleo un bien que, tal vez en el mediano plazo, empezará a perder relevancia en la industria. La globalización económica y financiera ha borrado en el mundo los proyectos nacionalistas, que estuvieron de “moda” a principios del siglo pasado. Los dos factores mencionados son realidades ineludibles que debe enfrentar la presente Administración federal, que diametralmente se oponen a las políticas que se están formulando para sacar de la crisis a Pemex. Recortarle impuestos y aumentar subsidios no resuelve el problema. Se requieren estrategias que la hagan competitiva en un contexto económico global cada día más complejo.
Imprimir
COMENTARIOS



0 1 2 3 4 5