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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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28 Junio 2019 04:02:00
El Orgullo Gay Parte Final
A pesar de que quienes integran la comunidad LGBTTTIQA (lésbica, gay, bisexual, travesti, transgénero, transexual, intersexual, queer y asexual), han logrado ya el reconocimiento de absolutamente todos los derechos a los que puede acceder cualquier ciudadano sin distinción alguna, los mismos insisten en llamarse víctimas de la intolerancia para seguir luego reprochando a la sociedad no ser discriminados, a pesar de ya no serlo, y exigiendo derechos que en la realidad ya no quedan.

Y es que sin duda el movimiento gay ha sido una corriente por demás organizada y llevada a cabo sin descanso, y si hay algo que debemos reconocer a este grupo de personas unidas para este fin es precisamente su habilísima estrategia emprendida desde hace más de 40 años, la cual puede resumirse en tres objetivos: insensibilizar a la sociedad respecto a las libertades sexuales para que las vea como algo natural y normal; insistir en que los practicantes de estas diversidades son víctimas, y finalmente en satanizar a quienes se les oponen.

Así, pues, y con tan claro objetivo la comunidad homosexual ha logrado ya la reestructuración de nuestra sociedad actual; para quien dude de lo anterior debo recordarle que en Coahuila el matrimonio homosexual ha desplazado al matrimonio heterosexual, el cual era considerado como la única institución por medio de la cual se podía formar una familia, que era a su vez, la célula vital de la sociedad y en la cual principalmente se inculcaban al individuo los principios y valores morales que hacían posible una convivencia pacífica y civilizada entre los ciudadanos.

Es decir, que en los últimos tres decenios y debido a una deliberada acción para ganar mayor terreno que el puro respeto, los homosexuales se han constituido en un movimiento que sutilmente ha provocado que se modifique esta realidad. Así, han influido para que diversos actores, por ejemplo los ministros de la Suprema Corte de Justicia de nuestra Nación incluyan este tema y promuevan nuevos planteamientos que establezcan “derechos” jamás antes definidos ni conocidos que amenazan con modificar en lo absoluto los propios cimientos de nuestra sociedad.

Entonces al tener ganadas todas las prestaciones posibles y seguir sin embargo manifestando su inconformidad, a los ciudadanos no nos debe quedar duda de que las marchas y manifestaciones pretextadas como el Orgullo Gay no son otra cosa más que la promoción descarada de una libertad sexual de consecuencias insospechadas y que por ser tan decidida por parte de sus promotores, ahora puede entenderse como un atentado a la libertad de pensamiento. Por lo que corresponde al resto de la ciudadanía intentar combatir y contrarrestar esta promoción de libertades sexuales.

Para quien esto escribe, la mejor estrategia para buscar equilibrar este férreo intento de impulsar entre la población prácticas sexuales tan libertinas, sería difundir ampliamente el conocimiento de que no existe ningún encanto en adentrarse en experiencias sexuales diversas, y que dar rienda suelta a las mismas puede traer como consecuencia la ejecución de otras conductas poco ortodoxas fuera de la esfera sexual, ya que el deseo permanente de conquistar lo desconocido, comúnmente termina afectando la personalidad entera del individuo.
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