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Juan Latapí
Juan Latapí
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22 Diciembre 2019 03:10:00
El país de la barra
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Vivimos en el país de los mil y un pretextos, en el reino de la barra, del infaltable pretexto, donde siempre es más fácil inventar una justificación para evadir responsabilidades, eludir la verdad y sacar provecho mintiendo y engañando cuantas veces sea necesario a base de pretextos. Usar un pretexto es engañar y engañar es mentir, aunque se diga que se trata de mentiras piadosas, una mentira – por mínima que sea- siempre será una mentira.

Nos hemos convertido en expertos en mentir de múltiples maneras, desde prometer lo imposible, echando rollos cantinflescos y descalificando al adversario, hasta diciendo verdades a medias, divulgando chismes y rumores -y lo que es peor- permaneciendo en silencio ante las mentiras, sin querer ver ni escuchar.

Vivimos en un país donde mentir es algo normal, donde todos mentimos en mayor o menor medida y ya nos acostumbramos a ello. Crecemos y aprendemos a sobrevivir en el mundo de los pretextos y las simulaciones, donde rara vez se educa para aprender a ser responsables, dar la cara y asumir las consecuencias. Hemos mal aprendido que buscar culpables es más fácil que encontrar soluciones porque desde hace rato vivimos bajo el signo zodiacal del chivo expiatorio, ese al que, en la antigüedad, mediante un ritual le cargaban todas las culpas del pueblo judío para luego enviarlo al desierto y abandonarlo ahí.

Estamos sumergidos en un mundo en el que las mentiras rigen nuestra vida de diferente manera, desde la costumbre de prometer a sabiendas que no se va a cumplir, manipular cifras a conveniencia, presumir lo inexistente, minimizar lo que afecta, hablar demasiado sin decir nada, enredar, tergiversar, no llamar a las cosas por su nombre, cambiar el significado de las palabras, ponerle nombres nuevos a lo viejo, abusar de las palabras, usar doble discurso, y manipular las imágenes, entre otras tantas formas de mentir.

Son esas mentiras -como afirma la investigadora Sara Sefchovich en su libro “México país de mentiras”- las que sirven para llenar los huecos y tapar lo que no se hace y lo que no se cumple. Nunca como ahora ha sido tan necesario mentir.

Y en ese afán por mentir para evadir las responsabilidades son los pretextos los que se empoderan del discurso oficial cuando se cuestiona el fracaso en el combate a la inseguridad y nos dicen que es culpa de gobiernos anteriores; ante la exoneración de Bartlett nos dicen que no estaba obligado a declarar esos bienes; ante la desaceleración de la economía nos dicen que se debe a factores externos; ante los abusos y excesos de García Luna, Calderón se justifica diciendo que no estaba enterado.

Ahí están los pretextos ante la promesa incumplida de dotar de medicamentos a los centros de salud pública de Coahuila, y en caso de no haber medicinas, el gobierno las pagaría mediante una alianza con las farmacias privadas; no solo no hay medicamentos, sino que el servicio e instalaciones médicos cada vez están peor, y nos dicen que la Federación recortó el presupuesto. Ante la inseguridad nos dicen que son criminales que vienen de otros Estados, al igual que los del huachicol; ante los abusos de las policías estatales nos dicen que no estaban enterados, que investigarán e informarán, aunque nunca lo hagan; se usa como pretexto proteger los empleos para eludir la inversión en equipos para evitar la contaminación; se usa como pretexto la promoción del turismo para soslayar el correcto aprovechamiento el agua en Cuatrociénegas; se usan como pretexto los aranceles, el congelamiento de cuentas y la negación de créditos bancarios para ocultar el desbarajuste administrativo de la acerera local.

Y así, hacia donde se voltee, es raro no encontrar algún pretexto y una barra.

Dicen que los pretextos se inventaron para mentir de manera elegante, y así, mientras tanto seguimos viviendo y tolerando este imperio de las barras de nunca acabar, profesándoles culto y devoción, rogando nos cubran con su manto protector para evadir nuestras responsabilidades; nos inventamos cualquier tipo de pretexto para no afrontar y evadir esta realidad, porque a final de cuentas en el país de la barra no pasa nada, aunque suceda de todo.
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