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Juan Latapí
Juan Latapí
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23 Junio 2019 03:10:00
EL PLACER DE SER CANÍBAL
Si algo nos gusta hacer y disfrutar a plenitud es comer prójimo. Con o sin razón somos expertos en sacarle la garra a quien se nos ponga enfrente, al que no nos caiga bien, o porque simplemente no lo entendemos. Basta echarle un ojo al vertedero de las redes sociales para apreciar con toda claridad esta costumbre tan arraigada y tan característica de México y de manera especial en Monclova.

EL MÁS CLARO EJEMPLO DE canibalismo lo tenemos en los partidos políticos, donde los ataques más crueles y letales suelen provenir de sus propios correligionarios, mostrando que son los amos y señores de la puñalada trapera. Lo estamos viendo en el PRI ante sus próximas elecciones internas donde ya se echaron al pobre Doctor Narro; en el PRI estatal –bajo la dirección aún del moreirato- ya empezó la endofagia como hacía tiempo no se veía y que nada bueno les augura para sus próximas elecciones, mientras que a nivel local los grupos de poder se están devorando con furia con tal de afianzarse a un hueso.

Y NI QUÉ DECIR DE los panistas que también practican el canibalismo. Hace tiempo que sus ideales éticos quedaron atrás y en el olvido; desde que obtuvieron el poder son iguales o perores que sus antecesores. Se ha vuelto una práctica común en la cúpula panista descalificarse entre sí exhibiendo su pasión caníbal. A nivel local lo acabamos de ver son su elección interna a nivel estatal donde bloquearon con toda clase de arbitrariedades al Doctor Dávila. Y aunque ahora llamen a la unidad, la mesa está servida para engullir al primero que se les interponga.

PERO EL MÁS CRUEL Y patético canibalismo político es el que predomina en la llamada izquierda mexicana, siempre fragmentada, donde siempre están unos contra otros, exhibiéndose y sacando sus trapitos al sol, con verdades a medias y calumnias, practicando con saña el canibalismo salvaje. En Morena, tanto a nivel nacional como local, el canibalismo está desatado y ellos mismos se están echando la soga al cuello ante las próximas elecciones; es un canibalismo insaciable que no conoce límites..

AQUÍ, A NIVEL LOCAL, EL platillo favorito del menú caníbal son las autoridades municipales, que con sus decisiones poco acertadas y cuentas poco transparentes, se ponen continuamente en la mira. Y aunque el canibalismo se practica en todo momento y lugar, desde la escuela hasta el trabajo, a quienes destacan les colgamos cualquier cantidad de epítetos y rumores que no hacen sino reflejar una buena dosis de envidia que provocan, mientras que en el trabajo a quienes ascienden pocas veces se les reconoce sus méritos, por el contrario, se les inventan chismes y calumnias para ocultar y despistar la envidia que despiertan. Es ese mismo canibalismo, que no deja títere con cabeza, producto de la envidia que no tolera ni acepta que a alguien le vaya mejor.

DECÍA CARLOS MONSIVÁIS que en este país todo se vale menos triunfar. Cuando alguien sobresale en lo que sea, de inmediato se desata la andanada de envidias y descalificaciones de todo tipo, desde insultos, descalificaciones y calumnias hasta el linchamiento social.

ES ESTE CANIBALISMO una especie de auto exterminio, de lucha fratricida, de negarnos a nosotros mismos la posibilidad de un cambio efectivo. Canibalismo presente desde los antiguos mexicanos que se comían entre ellos, se almorzaban a sus vecinos y hasta la fecha continuamos practicándolo destazando al prójimo, con la misma saña, pero ahora de manera verbal o gráfica. Por eso es que disfrutamos nuestro gusto por las revistas y programas de TV repletos de chismes de la farándula.

A FINAL DE CUENTAS ese canibalismo es el que nos impide ser solidarios y con empatía, que evita que nos organicemos como verdadera sociedad civil para iniciar un verdadero cambio. Por el contrario, con gran acierto hemos sido descritos en el cuento de los cangrejos, que en vez de ayudarse entre si para salir adelante, se estorban y luchan para evitar que alguno logre salir. Y mientras tanto seguimos disfrutando que al otro le vaya mal, que naufrague, que se hunda y se ahogue, sin importar que vayamos en el mismo barco.

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