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Fausto Fernández Ponte
Fausto Fernández Ponte
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Don fausto fernández ponte es poseedor de un impresionante y sólido currículum: 50 años de periodista profesional. Su opinión y columnas periodísticas son respetadas en ese ámbito, por el prestigio que a pulso se ha ganado, es considerado una autoridad en su campo. Además de corresponsal de guerra, ha entrevistado a jefes de estado y de gobierno de la talla de Lyndon B. Johnson, Richard M. Nixon, Indira Gandhi y William Clinton.

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11 Agosto 2009 03:00:42
El porqué de la ‘Cumbre’
¿Qué obtuvo el señor Calderón? O, ¿qué obtuvieron Harper y Obama?

Como sabríase, los jefes de Estado de México y Estados Unidos y el Jefe de Gobierno de Canadá, se reunieron el domingo en Guadalajara, Jalisco, y los desenlaces del encuentro, difundidos ampliamente, no mueven a júbilo. No.

No, al menos, a los mexicanos. ¿Por qué? Porque para el presidente de facto Felipe Calderón, visto espurio por millones de sus compatriotas, lisa y llanamente sólo obtuvo de sus contrapartes lo que éstos querían.

¿Qué obtuvo el señor Calderón? ¿Qué cedió? O por mejor decir, ¿qué obtuvieron Stephen Harper, el canadiense, y Barack Obama? Obtuvieron lo que vinieron a buscar a la capital tapatía. ¿Qué buscaban?

Véase: los señores Obama y Harper lograron que sus gobiernos entrenen y asesoren a fuerzas policiacas mexicanas en tácticas de control de masas, de inteligencia y contrainteligencia y ciertas técnicas de disuasión colectiva.

Mas no podía ser de otro modo. El señor Calderón arribó a sus reuniones siendo el más débil, políticamente, de los tres, arrastrando consigo un dramático repudio electoral, sin capital político ni espacio para negociar.

Don Felipe no logró siquiera que el primer ministro de Canadá, el señor Harper, reconsiderara la decisión de su gobierno de exigirle como requisito indispensable visas a los mexicanos que viajan a aquél país.

II

Tampoco logró que Barack Obama se comprometiese a promover una reforma migratoria amplia ni a revisar con arreglo a sus facultades como Mandatario la ocurrente construcción del ignominioso muro fronterizo.

Señálese que, según los documentos públicos oficiales de esta “cumbre”, el señor Calderón no le trató a sus contrapartes un tema caro a los mexicanos: revisar el Tratado de Libre Comercio de la América del Norte.

Tampoco le trató el asunto de la reforma migratoria estadounidense, la cual abarcaría no sólo al estatus de millones de trabajadores mexicanos en EU, sino también acuerdos para institucionalizar la emigración de aquí a allá.

La emigración mexicana hacia EU es, desde cualesquier enfoques de las ciencias sociales y económicas, un síntoma inequívoco de la existencia de fuerzas productivas desperdiciadas –desempleadas– aquí.

El crecimiento de la emigración mexicana tiene causales no que no serían ajenas al TLCAN, herramienta mediante la cual el Estado estadounidense influye en el poder político del Estado mexicano y controla la economía.

III

Ese Tratado, como sábese, demostrado con prolijidad y tristemente documentado, es un enser de dominación de los intereses del poder real de EU sobre México, postrado en una condición que antojaríase colonial.

Esa condición colonial es, por definición, lacerante. Sus manifestaciones son un aumento espectacular de la pobreza –vía el desempleo y caída del subempleo–, la represión estatal a disidencias y la incertidumbre societal.

Son estas manifestaciones de crisis severa, amplia, profunda, transversal que, a su vez, denotaría una descomposición del poder político del Estado mexicano, abdicado que hubo desde hace sexenios sus potestades.

Esa abdicación ha sido a favor del poder real, el trasnacional estadounidense, y sus contrapartes mexicanas, particulares que conforman la pudientísima oligarquía mexicana. No en vano el Estado es plutocrático.

El motivo vero del encuentro sospéchase otro: confirmar directamente percepciones de los señores Harper y Obama, provistas por sus agencias de inteligencia acerca de la condición neuronal/emocional de don Felipe.

En Washington y Ottawa se han elaborado perfiles psicológicos acerca de la personalidad de don Felipe, en los que resaltan pulsiones dictatoriales y obsesiones por control como eje de las violaciones a los derechos humanos.
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