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Macario Schettino
Macario Schettino
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Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

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16 Julio 2009 03:13:04
El problema laboral
Hemos hablado ya de educación, y decíamos entonces que ésta y la cuestión laboral tienen una gran relación. No es posible mejorar la educación sin hacer lo mismo en el mercado de trabajo, so pena de generar desequilibrios mayores.

Como con la educación, en el mercado laboral nuestros problemas provienen del viejo régimen. Si la educación sirvió como mecanismo legitimador del autoritarismo de la Revolución, el mercado laboral se creó como soporte de ese mismo autoritarismo. De hecho, el sindicalismo mexicano no es, como en muchos países de Europa, resultado de la organización de los trabajadores, sino imposición del Estado. Fue el régimen el creador de los sindicatos que agruparon a los trabajadores por obligación, y no por libre voluntad de éstos. Y es de ese origen de donde nos vienen los problemas actuales.

Aunque en la Constitución de 1917 aparece ya un gran artículo destinado al trabajo, fue hasta 1931 cuando se creó la legislación correspondiente, la Ley Federal del Trabajo (LFT). En ese año, estábamos en medio de la Gran Depresión, de forma que esa ley lo que busca es defender los puestos de trabajo, no crearlos. Ya viene en ella el germen que aprovechará Lázaro Cárdenas: el corporativismo.

Cuando Cárdenas asume la presidencia, el hombre fuerte en México era Plutarco Elías Calles. Ya había controlado a tres presidentes (todos ellos de menos de dos años en el puesto), y esperaba controlar al nuevo. Cárdenas utiliza a los trabajadores para deshacerse de Calles, provocando movilizaciones monumentales. En 1935, el primer año de gobierno de Cárdenas, 50% de los trabajadores está en huelga en algún momento del año. Es con esa movilización que se construye el verdadero régimen revolucionario, al estilo del fundador de este tipo de regímenes en el mundo: Benito Mussolini.

En 1936 se consolida el movimiento obrero con la fundación de la CTM, que no controla todos los sindicatos del país, pero sí es la fuerza mayoritaria. Quedan restos de la CROM, la primera gran confederación, y existen sindicados de industria que no están dentro de la CTM. Prácticamente no hay nada más. En ese mismo año, Cárdenas acelera la movilización agraria, que servirá de contrapeso a los obreros, y al año siguiente nacionaliza la industria petrolera, sume a la CTM y la CNC dentro de un nuevo partido, corporativo, y se decanta por su secretario de Guerra para la candidatura presidencial. El régimen se ha construido.

De ahí en adelante, los trabajadores en México estarán organizados no porque les convenga, sino porque el régimen así lo requiere. Para mantenerlos contentos, ese mismo régimen les irá dando algunas cosas, no muchas. Le toca más a los sindicatos del gobierno, y menos a los del sector privado. A veces parecen grandes cosas, como la fundación del IMSS, que acaban resultado menos buenas con el tiempo. En el largo plazo, los trabajadores de México viven cada vez peor. No desde la aparición del neoliberalismo, como se cree, sino desde que se acaba el excedente del que vivía el régimen, allá a mediados de los 70.

Santiago Levy escribió recientemente un libro acerca del problema que significa el IMSS, no exactamente como institución, sino el concepto mismo de seguridad social en México. Para nosotros, la seguridad social está asociada a los servicios de salud, y también a varias de las características de la LFT, especialmente a la indemnización por despido. Es decir, que cuando un trabajador es afiliado al IMSS está uno, al mismo tiempo, contratando un instrumento de ahorro de largo plazo (la pensión), un seguro de gastos médicos, y un seguro de despido. No se puede contratar cada cosa por separado, sino todo junto.

Este paquete de seguridad social no es barato. En la estimación de Levy, ronda 33% del salario, que acaba costándole al trabajador. Es cierto que una parte la paga el empresario, pero este costo laboral adicional es trasladado al trabajador vía la reducción de nómina. Es lo que se llama incidencia: el verdadero pagador de un impuesto no es necesariamente quien primero lo paga, sino el último que lo paga. Si usted puede trasladar el impuesto a alguien más, será ese alguien el verdadero pagador.

Puesto que un trabajador en México cuesta, en realidad, 33% más de lo que parece a primera vista, los que contratan trabajadores intentan reducir el número para no pagar tanto. De esa manera, trasladan finalmente el costo a los trabajadores.

Ahora bien, ese costo resulta mayor que los beneficios que el IMSS aporta a los trabajadores, según Levy, y me parece que tiene razón. Resulta que cuando se enferma alguien de la familia, las clínicas están saturadas y no atienden, a veces no hay medicinas, o lo que usted quiera, pero al final los beneficios no son tan atractivos. Por eso, muchas personas prefieren ser contratadas sin IMSS, a cambio de que se les pague más. Y ésa es la economía informal que no medimos como tal. Hoy en México, de 43 millones de personas que están trabajando, 14 están el IMSS y poco más de 3 millones en el ISSSTE, 15 millones son informales o subocupados como los define la ENOE, de forma que nos quedan 11 millones de mexicanos que ni son formales ni son informales (en la definición de la encuesta). Estos son los que prefieren no pagar IMSS, con tal de que su sueldo sea un poco mayor. No son ambulantes ni limpiavidrios, son personas que intentan resolver el problema laboral de México.

La informalidad, entonces, es resultado de una falla institucional muy seria. Falla que se amplía con las decisiones recientes de promover mecanismos de asistencia social universal. Pero de esto platicamos el martes, para tener la idea completa.
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