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Salvador García Soto
Salvador García Soto
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Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

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20 Agosto 2019 03:47:00
El ‘pueblo feliz, feliz’ de AMLO
Por decreto mañanero del Presidente, la felicidad ha inundado al país. No importan en la realidad presidencial el enojo de madres trabajadoras de escasos recursos porque desmantelaron las estancias donde dejaban a sus hijos mientras trabajaban, ni el de los enfermos y sus familias porque les restringieron tratamientos y medicinas; tampoco existe el coraje de campesinos y productores que bloquean carreteras y avenidas por los recortes y modificaciones en los apoyos al campo; y es una ficción el inmenso dolor de miles de madres, hijos, hermanos y familiares de víctimas desaparecidas, secuestradas, asesinadas por la violencia del crimen organizado en casi toda la República. Y por supuesto, no hay lugar en el “pueblo feliz” de AMLO para las miles de mujeres que, hartas e iracundas de ser violentadas, acosadas, abusadas y asesinadas, salieron a las calles de varias ciudades a gritar “¡ya basta!” y a pintar, romper y destrozar como recurso desesperado para ser escuchadas.

“Se dan estos casos (las manifestaciones recientes), pero en general, lo voy a decir, hasta se los adelanto, en mi informe. El pueblo está feliz, feliz, feliz, hay un ambiente de felicidad, el pueblo está muy contento, mucho muy contento, alegres. Entonces, no hay mal humor social”, aseguró ayer el presidente Andrés Manuel López Obrador que, fiel a su estilo, no proporcionó ni presentó ningún estudio, indicador o medición en la que base su afirmación de la felicidad plena y total de los mexicanos.

Esa visión idílica del Presidente, obedece a la percepción personal alimentada por lo que él ve y percibe en sus giras, recorridos y eventos por la República. Es claro que su imagen popular y cercana a la gente provoca todavía, un año después de su triunfo histórico, que la gente se arremoline en torno a él cada que se aparece en un aeropuerto, en un restaurante o en cualquier lugar público para decirle algo o tomarse una fotografía con él. De eso a medir con ese tipo de expresiones el nivel de felicidad de la gente, hay un tramo. Y si se refiere a sus actos y eventos públicos, no es un secreto que, como en los de cualquier jefe de Estado, hay un control y un filtro para saber quién entra y a quién se permite participar.

Si el presidente López Obrador realmente quisiera saber qué tan felices estamos los mexicanos y qué tanto su Gobierno ha avanzado en la meta de lograr la “felicidad social” que proclama desde que llegó al Gobierno, no estaría mal que tomara la referencia y el ejemplo del primer país del mundo en medir la felicidad de sus habitantes con un índice de Felicidad Nacional Bruta (FNB), similar y más importante incluso que el PIB. En Bután, un pequeño país de Asia, la medición de la felicidad, a través del FNB, está constituido por cuatro pilares básicos: la buena gobernanza, el desarrollo socioeconómico sostenible, la preservación cultural y la conservación del medio ambiente. Esos cuatro conceptos fundamentales –construidos a partir de más de 100 subindicadores y 33 indicadores– son presentados y monitoreados por el Centro de Estudios de Bután.

En todo caso, López Obrador nos está dando en esa frase, y sería su único valor, un adelanto de lo que dirá en su Primer Informe de Gobierno el próximo 1 de septiembre, en el que, tal como su antecesor Peña Nieto, se organizará un acto en Palacio Nacional para informarle a los mexicanos lo realizado en sus primeros 10 meses de Gobierno, mientras manda al Congreso a su secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, para cumplir con lo que marca la ley en materia de rendición de cuentas ante el Poder Legislativo. Y si ese será el tono de lo que nos dirá el Presidente en su primer informe, un mensaje complaciente, triunfalista y basado solo en sus “otros datos” y no en la realidad que viven y perciben la inmensa mayoría de los mexicanos, lo que escucharemos, más que un balance real sobre el estado que guarda el Gobierno y el país en este lapso, será un discurso destinado dirigido solo a sus fieles seguidores y no a la sociedad en su totalidad.
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