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Salvador García Soto
Salvador García Soto
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Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

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12 Septiembre 2020 04:05:00
El que esté libre de pecado, que lance el primer video
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La política mexicana ha quedado supeditada, según lo que se ve, al imperio de la imagen. Lo que queda grabado en video determina no solo la posibilidad de una prueba legal, sino también la contundencia de un veloz enjuiciamiento y un veredicto público que hoy no solo es capaz de condenar y sepultar a alguien en la ignominia por medio de su exhibición y difusión en internet y en redes sociales, sino que también el poder de las imágenes videograbadas hoy es capaz de modificar y alterar hasta la agenda del Presidente de la República, que un día promovía y ensalzaba la importancia de los videoescándalos de corrupción del caso Lozoya y al otro día, cuando esos mismos videos alcanzaron a su familia más cercana, optó por hacer mutis y guardar silencio en ambos casos gráficos de corrupción.

¿Por qué López Obrador dejó de hablar y difundir pormenores y detalles de las acusaciones de Lozoya, sobre todo en lo que se refiere a la existencia de videos? Las razones personales que haya tenido el Presidente solo él y sus más cercanos la saben, pero lo que es un hecho es que el discurso presidencial, que pedía a todos los mexicanos enterarse de las denuncias de Emilio Lozoya y les reclamaba a los medios que no difundieran lo suficiente los videos y señalamientos, cambió de pronto y que ese cambio se dio tras la difusión del otro video, el que mostraba a su hermano más querido y cercano, Pío López Obrador, recibiendo dinero en bolsas de papel amarillas de manos de un operador del Gobierno de Chiapas, David León.

Aquella mañana del 22 de agosto, un día después de que circulara profusamente el mencionado video de Pío y David Romero, fue la última vez que el Presidente se refirió a la importancia de los videos como elementos de prueba de la corrupción. El golpe y el mensaje que significó la difusión de ese video debió ser tan duro y fuerte para el inquilino de Palacio Nacional que desde entonces no volvió a mencionar ni el nombre de Lozoya ni la investigación que continúa realizando el fiscal Gertz Manero.

David Romero no fue el único regañado y defenestrado. A Pío López Obrador su aparición ingenua en aquellas grabaciones, donde sacaba cuentas y anotaba en su Biblia negra lo que le habían entregado y lo que faltaban de entregarle, le costó también perder el lugar privilegiado de cercanía, operador de confianza y, sobre todo la de “hermano favorito”, que fue la que más debió dolerle. A Pío se le impuso, desde el escándalo, la frialdad de la distancia y la consigna de que ahora tendrá que responder ante la justicia.

La única relación cercana que tenía con alguien de su familia se vio severamente dañada por la molestia que provocó en el Presidente el que su hermano preferido haya sido tan ingenuo para no darse cuenta de que lo estaban grabando y que, en cada uno de los más de 15 videos que se menciona existen con la imagen de Pío recibiendo recursos económicos, no se haya percatado de que le estaban tendiendo una trampa. Porque la relación que Andrés Manuel tenía con sus otros hermanos nunca fue tan directa y cercana como la que tenía con su hermano menor y al que siempre apoyó y se apoyó en él para promover su proyecto político en el sureste. “De manera respetuosa les pido votar por Pío López Obrador, para diputado federal, no sólo porque es mi hermano. Se trata de un ciudadano ejemplar, es un dirigente honesto, comprometido con las causas más nobles de nuestro pueblo”, decía el ahora Presidente en 2009.

Hoy los dos protagonistas del video están no solo defenestrados y caídos del ánimo presidencial, sino consultando con abogados una posible responsabilidad legal ante fiscalías por posibles delitos electorales. A David León le cortaron las alas políticas y perdió la enorme confianza que había ganado en el despacho presidencial, mientras que a Pío le ha costado más que un cargo o una carrera política. Por lo pronto el silencio no solo del Presidente sino hasta del fiscal Gertz Manero, que de pronto le bajaron el volumen y el tono al caso Lozoya, confirman que hoy en la política nacional, como en la televisión y ahora también en el internet y las redes sociales, “la imagen manda”. Y parafraseando la consiga de Cristo, cuando la gente apedreaba a María Magdalena (Juan 8:7): “El que esté libre de pecado, que tire el primer video”... Los dados mandan Serpiente Doble. Semana complicada.
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