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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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26 Enero 2020 04:00:00
El que se atreve a decir no
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En un marasmo de uniformidad discursiva de los miembros de Morena convertidos en aburrido coro haciendo eco de las palabras del presidente Andrés Manuel López Obrador, surge, ahora sí que a la mitad del foro lopezvelardiano, la fogosa voz discrepante de Porfirio Muñoz Ledo condenando la actuación del Gobierno federal ante la caravana de migrantes centroamericanos que intentó introducirse al país.

Resulta extraño, pero a la vez alentador, que sea precisamente la voz de un hombre de 86 años la que venga a romper la convenenciera unanimidad de criterios de los funcionarios y legisladores morenistas.

Verdadero fenómeno de la política nacional, su currículum arranca en los lejanos días cuando fue aguerrido presidente de la sociedad de alumnos de la Facultad de Derecho de la UNAM.

El resto es una acumulación apabullante de los más distintos cargos: secretario de Educación Pública y del Trabajo y Previsión Social, candidato a la Presidencia de la República, tres veces diputado federal, senador, en tres ocasiones embajador de México –ante la ONU, la Unesco y la Unión Europea–, presidente de dos partidos políticos, del PRI y del de la Revolución Democrática, ha pertenecido a cuatro: los dos ya citados, el Partido del Trabajo y el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana. Hoy representa a Morena en la Cámara de Diputados y tiene bien ganada fama de temible polemista.

Disminuido físicamente –los años no perdonan– Porfirio Muñoz Ledo conserva sin embargo intacto su espíritu de rebeldía demostrado en 1988, cuando abandonó el PRI, al que pertenecía desde 1954.

Entonces lo hizo al repudiar las formas en que el tricolor designó a su candidato a la Presidencia y formó con Cuauhtémoc Cárdenas lo que se llamó la Corriente Democrática.

Ahora viene a demostrar que la flama sigue encendida y que, como lo dijera Albert Camus, el hombre rebelde es el que se atreve a decir no. Y Muñoz Ledo ha dicho no con toda la fuerza sonora que su desgastada garganta se lo permite.

Una rápida revisión a la biografía del personaje explica su postura contestataria, beligerante, con respecto a la política migratoria del actual Gobierno.

Su voz ha sido la única importante surgida de las filas de Morena en reprobar cómo son tratados los migrantes centroamericanos en nuestra frontera sur, víctimas de lo que llamó “salvaje represión”, mientras el resto de sus compañeros de partido optó por un acomodaticio –¿atemorizado?– silencio cómplice.

Y la condena la ha expresado en forma por demás clara, a pesar de los esfuerzos de la presidenta de la Cámara baja por acallarlo y la borreguil votación de los diputados morenistas al negarle el uso de la palabra.

Esta obsequiosa unanimidad de los legisladores de Morena le mereció una frase lapidaria, al decir que actuaron “como un partido de línea, más eficaz que el PRI”, lo que a su juicio representa “un salto atrás de 20 o 30 años… Yo no sé de dónde llegó la instrucción; fue muy doloroso ver a mis amigos votar tan agresivamente. Lo que aquí hubo fue miedo a la verdad, clausura del pensamiento”.

Y fue más allá en una entrevista concedida a los periodistas: “Morena se sale de mi corazón, de mi ilusión, y eso me da una pena inmensa”.

Personalidad controvertida, pero a la que ni tirios ni troyanos se atreven a negar dos valores: el de la inteligencia y el de la valentía. Porfirio Muñoz Ledo acapara de nuevo los reflectores en un programa político que amenazaba con volverse un monólogo.


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