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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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17 Febrero 2019 04:00:00
El qué y el cómo
La comentocracia, las élites económicas del país y los mercados extranjeros no encuentran una explicación al fenómeno. Hay algo esquizofrénico, piensan, entre los resultados ofrecidos hasta ahora por el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador y los altos y crecientes niveles de aceptación del Presidente. Quizá las razones de esta contradicción residan en el tino con el que el Mandatario elige sus frentes de batalla –es decir el qué hacer– y la deficiente, en ocasiones errática e incomprensible instrumentación de las estrategias para conseguir lo planeado. Es decir, el cómo.

Hay abundantes ejemplos. ¿Quién en su sano juicio, a no ser uno de los corruptos, podrá argumentar algo en contra del combate a la corrupción, bandera insignia del sexenio? La inmensa mayoría de los mexicanos estarán de acuerdo que es este, la corrupción, uno de los más graves problemas de los muchos que aquejan al país. Aquí el qué es impecable.

Sin embargo, el cómo deja mucho que desear. Hay un combate a la corrupción, sí, pero sin perseguir a los corruptos. La cereza de este pastel de las contradicciones la colocó recientemente el fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, al negarse a informar sobre los avances en la investigación de los sobornos pagados por Odebrecht, anunciando poco después que en 2017 México se comprometió “a no ejercer ninguna acción
civil, administrativa o penal en contra de los funcionarios de la empresa Odebrecht”. Así, textualmente.

¿Lucha contra la corrupción respetando acuerdos ilegales firmados en lo oscuro, para asegurar la impunidad de quienes han sido señalados mundialmente como campeones en el reparto de sobornos a cambio de contratos leoninos?

Otro asunto es el del robo de combustible, el huachicoleo, vaya. Es incuestionable la decisión de perseguir a quienes “ordeñan” los ductos de Pemex, pues al hacerlo no solamente dañan
gravemente la economía de la paraestatal, sino a la nación entera. Nadie, a no ser los ladrones de combustible, se
atrevería a criticar la medida.

Pero de nuevo nos topamos con fallas en el cómo. El Gobierno tomó la decisión de combatir el huachicoleo de la manera más simple: cerrando los ductos. Las repercusiones de esta medida causaron graves daños al país por el desabasto de gasolina y diésel en numerosas localidades, obligando, además, a la compra apresurada y sin previa licitación de 671 pipas. El desembolso fue de 92 millones de dólares, al que habrá de sumar el aumento del costo de transportación del combustible.

La lista es larga. En su acostumbrada conferencia de prensa mañanera en Palacio Nacional, el presidente López Obrador se lanzó contra sus antecesores. Los acusó de inmorales. Algunos, dijo, colaboraron al término de su mandato con empresas beneficiadas mientras ellos estuvieron en el poder. Esto, dio a entender, sin ser ilegal, revela negociaciones lesivas al país. La advertencia, el qué, es clara: En México no hay intocables.

Muy bien, si no fuera porque en su lista de expresidentes dañinos a México faltó un nombre (otra vez el maldito cómo). En el señalamiento incluyó desde Ernesto Zedillo, quien dejó el poder hace casi 19 años, hasta Fox y Calderón. Extrañamente, por motivos no explicados, dejó fuera del inventario de la supuesta infamia serial a su antecesor, Enrique Peña Nieto. ¿Estamos ante un olvido imputable a pasajera laguna mental? Quién sabe. Sea como fuere, ya es tiempo de que los qué no se nulifiquen con los cómo.

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