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Inés Sáinz
Inés Sáinz
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03 Julio 2012 04:00:28
El retorno del rey
Cuando desperté, me vi rodeada de gritos, alaridos, llanto y un sinfín de sentimientos encontrados de la gente que pasaba frente a mí. Me di cuenta que no se trataba de un episodio oscuro y de lamentaciones, sino todo lo contrario. La contienda había terminado con un gran triunfador, uno de esos que se ven poco en nuestros días, y que hoy tenemos la maravillosa fortuna de ver desfilar con la frente en alto. El rey regresó a su trono, galante, sonriente y orgulloso tras casi un mes de complejas luchas de las que había logrado salir victorioso, mismas que hoy lo tienen simple y sencillamente como el más fuerte de entre todos sus conocidos.

Fue una batalla épica, memorable, digna de dos naciones poderosas, de las que no le temen a nadie ni a nada. Tal y como si se tratara del armamento de un ejército que se jugaba la vida enfrentando cara a cara y sin más armas que un balón de futbol a su temible enemigo, así resultó la histórica final de la Eurocopa, una guerra limpia que dejó la huella plasmada sobre el campo de batalla de Kiev de la gloria con la que se proclamaron vencedores unos, y la desolación de quienes vieron desmoronar su más grande sueño.

Europa corea y alaba a un solo rey, pues España ha sabido imponerse y dar la cara a todos los que pusieron su confianza y sus esperanzas en ella. Los once guerreros que saltaron al terreno de juego lo hicieron con la mente puesta en defender su trono para el que utilizaron un escudo que resultó totalmente impasable, con una casaca que tiene plasmado un escudo honorable, que esconde los más profundos secretos de la victoria, con unas espinilleras capaces de proteger hasta el más duro golpe y la más inesperada barrida a destiempo; pero sobre todo, con un corazón digno de un guerrero invencible. Desde los primeros minutos de la batalla dejaron claro que no dejarían ilusionarse ni un sólo momento a su enemigo, que resultó un Italia dispuesto a reivindicar la imagen de los suyos y exhibir ese magistral nivel con el que habían dejado atrás a la poderosa Alemania, ofensivo como pocas veces en su historia y haciendo uso de una meticulosa estrategia que sorprendió a más de uno. Sin embargo, al grupo de guerreros que comandó Cesare Prandelli no le fue suficiente, pues rápidamente se vieron superados, y por más pelea que dieron —poniendo siempre al frente la imponente figura de Mario Balotelli y la experiencia de Andrea Pirlo— sucumbieron inevitablemente, pues con el paso de los minutos la agonía trajo consigo golpes y caídas de los que ya no pudieron levantarse.

La magia y espectacularidad se hicieron presentes en cuatro ocasiones claras, cuatro estocadas que terminaron por derrumbar la fortaleza italiana. Después de 90 minutos de incasable lucha, la batalla vio su fin y con ella una nueva y grandiosa historia que guardaremos eternamente.

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