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Federico Muller
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28 Febrero 2020 03:00:00
El rol de la mujer en la economía
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De acuerdo con cifras del Inegi, en 2017 la población llegó a un total de 123.6 millones de personas, de las cuales 48.7% lo integran hombres y 51.3%, mujeres; así, la brecha entre hombres y mujeres, al menos por el número de habitantes, no es muy asimétrica. Las razones de que existan más mujeres se pueden atribuir a varios factores, uno de ellos la mayor esperanza de vida, pues las damas viven en promedio 4 años más.

Las mayores brechas entre hombres y mujeres se encuentran en los mercados laborales, que influyen en la desigualdad económica y pobreza del mal llamado sexo débil. Independientemente de que se presente discriminación o no hacia la mujer, el contexto económico o la construcción social del país no responden íntegramente a los requerimientos de las mujeres, y por ello se obstaculiza su incursión completa en el mercado de trabajo remunerado. Se pueden citar tres elementos que frenan su participación productiva.

El primero tiene que ver con el rol de género que juegan en la sociedad. La aportación en trabajo no pagado que hace la mujer en el hogar o en cualquier otro sitio, es mayor al de los varones; según estadísticas de la OCDE, ellas laboran 4 horas más que los hombres por día, particularmente atendiendo a la familia.

El segundo elemento, que agudiza al primero, es la ausencia de políticas públicas formuladas para concatenar la vida productiva y la familia. Todavía es limitado el número de instituciones de capacitación laboral y de atención a los hijos. Y el último elemento es la rigidez del mercado laboral, que demanda al menos 8 horas de faena continua diariamente.

Lo anterior se ve reflejado en varios aspectos en las estructuras laborales, por ejemplo, en los puestos gerenciales, cuya mayoría es ocupada por varones, y solamente 31% corresponde a mujeres, y a medida que se sigue avanzando en el organigrama de las empresas hacia la dirección y consejos administrativos, la participación femenina disminuye drásticamente, y seguramente no es por falta de capacidad, sino por las condiciones laborales más demandantes; 7% de ellas forma parte de los consejos directivos, y en propietarias de empresas la cantidad baja a 2 por ciento. Todos los datos son en relación con el total de mujeres que componen la fuerza laboral nacional.

Al encontrar resistencia para acceder al mercado de trabajo formal, la mujer incursiona en la informalidad, en donde 51% del total de este mercado es acaparado por ellas, observándose una muy cercana paridad entre ambos sexos. Lo negativo de esta situación es que tal sector es poco productivo y no les ofrece ningún tipo de seguridad social; y además quedan fuera del control fiscal, que influye en frenar el incremento de la base gravable del SAT. Quizá olvidando, o desconociendo el contexto económico, los colectivos feministas están convocando a un paro nacional de labores para el 9 de marzo, un día después que se conmemore el Día Internacional de la Mujer.

El motivo que las une para protestar, y suspender cualquier actividad productiva y/o social a lo largo del territorio nacional, es el aumento significativo de los homicidios de mujeres. Están retomando lo que se hizo hace varias décadas en Islandia, una pequeña isla desarrollada, cuya convocatoria fue todo un éxito y las condiciones de vida de la mujer islandés han venido mejorando, pero no es comparable con México, pues su población no rebasa los 400 mil habitantes, que puede ser como la de una ciudad intermedia de nuestro país. La convocatoria al paro nacional femenino es válida; no obstante, se están enfocando en los efectos de la discriminación cultural y ancestral hacia la mujer, olvidando las causas estructurales del problema.
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