×
Miguel Badillo
Miguel Badillo
ver +

" Comentar Imprimir
18 Enero 2010 04:00:31
El sucio estilo de Gil Díaz
Ha tenido que echar mano de todo tipo de estrategias

Si el paso de Francisco Gil Díaz por el Gobierno federal causó estragos en las finanzas públicas mediante la creación de fideicomisos públicos que registró como privados, ocasionando graves daños patrimoniales, no es menos desafortunada su participación en el sector privado. Para el ex secretario de Hacienda la presión que llega desde España desde su ingreso a a la empresa Telefónica no es un paseo por el parque. Aunque Gil Díaz, luego de arrepentirse de participar en el Consejo de Administración de HSBC, entró por la puerta grande de Telefónica, en el sector de las telecomunicaciones ven pocos avances en la gestión del doctor en Economía por la Universidad de Chicago. Al parecer Gil Díaz, quien hasta hace un año apostaba por llegar a la presidencia de la Bolsa Mexicana de Valores, ha tenido que permanecer al frente de Telefónica y, a la luz de las presiones cada vez más intensas por mostrar resultados positivos, echar mano de todo tipo de estrategias.

Así lo hizo en la década de los 90 a través de Avantel, cuando era empleado de Roberto Hernández y Alfredo Harp. Quién no recuerda la intensa batalla mediática y en tribunales que encabezó Gil Díaz contra Telmex o la persecución fiscal contra Carlos Slim cuando fue titular de Hacienda. Envuelto en un halo de legalidad y lucha por la justicia, en ese entonces Gil Díaz reclamaba a Slim la presencia de su monopolio para exigir mejores costos de interconexión para Avantel.

Qué ironía, ahora los competidores de Telefónica en algunos estados en donde la empresa española tiene una participación dominante en la infraestructura, se quejan exactamente de lo mismo y aseguran que el exsecretario de Hacienda ha hecho valer su poder político en el mercado. En fin, todo es cuestión de circunstancias.

En entregas anteriores de esta columna también escribíamos cómo el particular estilo de gestionar una empresa de Gil Díaz -como quedó confirmado en el sector público- tiene el sello de la corrupción y de los conflictos de interés. Así, por ejemplo, al interior de la Telefónica es todo un escándalo las decisiones que ha tomada Gil Díaz, a través de su siempre fiel “experta” en temas de comunicación Isabel Suárez Mier, su exdirectora de Comunicación también en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

En realidad, nos cuentan que la verdadera especialidad de esta ejecutiva son las Sociedades de Fomento Múltiple (Sofomes), pues fue una de las mayores colaboradoras de Gil Díaz en impulsar este esquema en el sistema crediticio nacional. Por sólo mencionar algunos de los casos que tienen muy molestos a los empleados de Telefónica, está la contratación de los sistemas de monitoreo con amigos o familiares de Gil Díaz, así como la elaboración de órganos de comunicación interna.

Pero ese tipo de “negocios” son verdaderas minucias después de lo que dio a conocer la reportera investigadora Ana Lilia Pérez en la revista “Contralínea” a principios de este año. Trabajadores de los centros de llamadas (call centers) del Grupo Telefónica denunciaron que desde la llegada del ex secretario Francisco Gil Díaz a la dirección de la empresa, se les obliga a utilizar bases de datos oficiales para vender seguros, tramitar tarjetas de crédito sin autorización de los clientes, hacer cargos por adeudos y trámites inexistentes, así como acosar y maltratar a deudores de la banca que contratan el servicio de cobranza.

Ahora viene al caso recordar aquella máxima de funcionarios honestos que trabajaron en la Secretaría de la Contraloría, ahora de la Función Pública, que ofrecían argumentos para mantener alejados a los exsecretarios de Hacienda de los sectores empresarial o financiero. Decían que un extitular de la SHCP era, sin duda, el hombre más comprometido, por muchas razones: su nivel de influencia en el desarrollo de políticas públicas, pero sobre todo por el poder y la información confidencial a la que tuvo acceso.

Claro está que a Gil Díaz tampoco se le puede culpar de todas las triquiñuelas que se presenten en Telefónica. Sin embargo, los testimonios de quienes sí conocieron a la empresa por dentro revelan que la llegada del exfuncionario público coincidió con el cambio a prácticas ilegales y faltas de ética frente a los consumidores.

El reportaje de Ana Lilia recuerda que aún la Procuraduría General de la República no cierra la investigación en su contra por la escandalosa evasión de impuestos en la venta de Banamex a Citigroup (que le restó a la hacienda pública 50 mil millones de pesos), mientras la Auditoría Superior de la Federación quiere una sanción para castigar el caso de la ominosa privatización de los ingresos por concepto del Derecho de Trámite Aduanero (DTA), cuando Francisco Gil Díaz está envuelto en un halo de supuestas malas prácticas en los call center del Grupo Telefónica, operados bajo la firma Atento, de acuerdo con testimonios de trabajadores cuyas condiciones laborales rayan en la esclavitud.

Empleados de Telefónica de diversos centros desnudan las irregulares prácticas “corporativas” impuestas por Gil Díaz en su afán de generar ganancias al consorcio español que desde febrero de 2007 lo designó su director en México y Centroamérica.

La mano del ex fiscal de hierro –como se le conoció por sus abusos de poder en el sexenio de Vicente Fox– está detrás de la voz que llama al tarjetahabiente hasta 10 veces al día para recordarle que tiene un atraso en el pago de la tarjeta de crédito y le exige cubrirlo de inmediato o para venderle un seguro o para obligarle a renovar una póliza. El telefonista es un joven de 18 a 25 años de edad que trabaja en un centro de llamadas o call center de Atento, en donde tiene prohibido levantarse hasta para ir al baño en tanto no logre cerrar 15 operaciones (ventas) en un lapso de seis horas.

Para cada operación, el telefonista tiene 300 segundos. Si el interlocutor lo insulta, deberá esperar a escuchar tres insultos para solicitarle al supervisor que le autorice colgar la llamada, pues el tarjetahabiente “no modera lenguaje”.

Si no logra que alguien cubra su adeudo o le compre un seguro o una tarjeta de crédito, es porque, a juicio de sus supervisores, no aplica la política de la compañía: acosar.
Imprimir
COMENTARIOS



0 1 2 3 4 5