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Rafael Flores Ramos
Rafael Flores Ramos
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30 Abril 2012 03:00:50
El toro bravo y su hábitat
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Algunas organizaciones y legisladores pretenden que se legisle para abolir la fiesta brava, con sus corridas de toros, porque desconocen la vida y la crianza del toro bravo.

Ya que el toro bravo se estableció y arraigó en estado salvaje durante muchos siglos en el sureste de España, en la región de Andalucía, pastando en las riveras de los ríos, incluyendo el Guadalquivir, y a través de los años se autoseleccionó genéticamente convirtiéndose en una raza brava pura, resistente, y adaptándose a todas las adversidades genéticas y climáticas; España a través de los siglos se pobló de árabes y españoles, los caballeros “lanceaban” toros salvajes y por esta actividad se desarrolló hasta convertirse en lo que es hoy, el tradicional espectáculo de la fiesta más bella de las fiestas, las corridas toros.

Si la fiesta brava fuera abolida y por consecuencia eliminadas las corridas de toros, qué lástima y tristeza me daría que las vacas madres, y los toros bravos, no tendrían otro remedio que empadrar o cruzar con ellas, con sementales de otra raza productores únicamente de carne para el consumo humano como ha venido sucediendo por varias generaciones, y sus crías se convertirían en vacas madres de abasto productoras de novillos de engorda y no para la lidia, como es su naturaleza, como algunas teniendo que soportar partos más dolorosos y en ocasiones ser asistidas por los vaqueros, ayudándoles a parir “a la fuerza”, quedando maltrechas y adoloridas ya que el becerro de abasto es más grande que el de lidia, al nacer. El criador de toros bravos por lo general nunca ha tenido un caso de mal parto o problemas de parición gracias a esa autoselección genética ancestral de su raza; el becerro de abasto nace y a los 14, 18 meses es castrado, extrayéndole sus testículos en carne viva, sin anestesia, y sufrirá por 8 o 10 días por las lastimaduras y dolores propios de esa “cirugía”, donde luego le son cortados sus cuernos.

Luego vendidos a los engordadores donde están confinados cuatro meses en corrales reducidos y apilados, pues una res de engorda, entre menos se mueva más peso gana (situación parecida a las gallinas que se pasan toda su vida productiva “enjauladas” en un espacio de 30 x 40 cm.). A fin de controlar en la producción de huevos. A los 24 meses aproximadamente son enviadas al matadero, donde son sacrificadas con alto grado de estrés y en una forma sanguinaria. El becerro de abasto por el simple hecho de ser castrado supera en mucho el dolor que sufre, al de los 15 0 20 minutos que dura la lidia de un toro en la plaza, eso sí, peleando y envistiendo con toda su adrenalina y característica de su raza, que lo hace olvidarse del dolor, si es que lo siente. Y con la diferencia de que el toro bravo nace y durante cuatro años vive suelto, libre en su hábitat natural del campo.
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