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Alejandro Irigoyen Ponce
Alejandro Irigoyen Ponce
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30 Septiembre 2019 04:08:00
El ungido
Hay cosas que escapan a la razón y que solo se pueden explicar, o al menos intentar explicar, a través de la emoción. Hoy sin duda una de esas cosas es el fenómeno de devoción popular que rodea a Andrés Manuel López Obrador.

El viernes pasado, a su llegada al aeropuerto de Torreón, hubo incluso quien gritó: “¡Bienvenido el mesías de México!”. Mesías significa ungido, el Salvador y tiene fuertes connotaciones religiosas.

Y hay que aceptarlo, millones de mexicanos ven en el Presidente al salvador de la patria. Un fenómeno que tal vez se vivió (toda proporción guardada) en torno a Lázaro Cárdenas, en la época de la nacionalización de la industria petrolera y que le valió quedar en la impronta de los mexicanos como “El Tata Lázaro”.

Hoy, Andrés Manuel carga bajo sus hombros -pero por lo visto, con mucha comodidad-, la esperanza, los anhelos y la devoción de millones de ciudadanos.

No importa que llame a la reconciliación, pero que cotidianamente polarice a la sociedad entre los que son sus incondicionales y el resto, que invariablemente reduce a neoliberales, conservadores y corruptos.

No importa que pida ver hacia el futuro, pero que cotidianamente haga escarnio del pasado cercano. No importa que temas fundamentales en la vida del país, como la economía, y especialmente la seguridad, digan en todas sus estadísticas que vamos mal.

Nada de eso importa. Andrés Manuel es por lo visto un ser mágico que goza de lo que ningún otro mandatario, la devoción del pueblo. Y quién sabe si a la postre esto resulte algo positivo para el futuro del país.
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