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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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10 Noviembre 2019 04:08:00
El Vendedor de Silencio
Culto, inteligente, políglota –hablaba con fluidez francés, inglés y alemán– alcohólico, prepotente, golpeador de mujeres, dueño de un estilo envidiable, agudo entrevistador y todo ello aunado a una carencia total de escrúpulos, hicieron de Carlos Denegri una leyenda viviente. A fines de los 50 del siglo pasado, en el mundillo periodístico de la Ciudad de México circulaban anécdotas ciertas o exageradas sobre sus inmoralidades.

Paradigma del periodista corrupto, se contaba que, en cierta ocasión, habiendo recibido órdenes del director de Excélsior de viajar a Brasil a cubrir una información, en lugar de ir al aeropuerto a abordar el avión que lo llevaría a Río de Janeiro, se quedó anclado en un bar aprisionado por su afición al alcohol.

Cuando ya era hora de enviar la información al periódico, tomó el teléfono de la cantina y empezó a dictar a un compañero de la redacción: “Desde la cima del Corcovado, con Río de Janeiro y el mar extendiéndose a nuestros pies…”. Y siguió dictando un reportaje completísimo sobre la situación de Brasil, salpicándolo con datos que guardaba en la memoria. El brillante “reportaje” apareció en primera plana de Excélsior.

No por nada Julio Scherer García, el director del diario, lo consideraba “el mejor y más vil de los reporteros”. Y lo era. Recibía cataratas de dinero de los más encumbrados políticos y debe considerársele el inventor de la industrialización del “chayote”, que entonces no se llamaba así, sino “embute”. Después le decían “el sobre”, que evolucionó gracias a la tecnología en intangibles transferencias bancarias. La misma gata, pero revolcada.

Fue el primer periodista en crear una empresa fantasma, Publicidad Denegri, para cobrar los favores y vender los silencios de sus varias colaboraciones. De la negociación de los embutes se hacía cargo uno de sus operadores. Era cosa del pasado su participación directa, brutal, para exigir dinero a los funcionarios públicos y a los políticos, a quienes se presentaba con dos columnas escritas a máquina, para que eligieran. En una, los alababa. En la otra reseñaba trapacerías y corruptelas de su víctima, dándole a escoger una u otra, tasando en mil pesos –entonces mucho dinero– la que contenía alabanzas.

Enrique Serna, autor de la exitosa biografía de Antonio López de Santa Anna, El Seductor de la Patria, dedicó cinco años a la investigación de la vida, atrocidades y maldades de Carlos Denegri plasmadas en un libro, El Vendedor de Silencio, convertido de inmediato en éxito de librería: más de 10 mil ejemplares vendidos en menos de siete meses.

El libro, una biografía novelada, atrapa desde la primera página gracias a la agilidad del estilo de Serna y a la minuciosísima descripción de lugares, personajes y hechos que avalan lo exhaustivo de la investigación realizada. Retrato de un capítulo de la historia de México del cual, por desgracia, aún quedan rezagos.

Letras sueltas
Linda Denegri, su última esposa, la cuarta, fue acosada brutalmente por el periodista. Aterrorizada, huyó de la Ciudad de México y vino a Saltillo, hospedándose en el desaparecido motel Los Magueyes, donde estuvo el hotel La Torre. De nada le valió. Denegri movió influencias, y la pobre mujer fue localizada y se le hizo regresar a la capital, obligándola a casarse con él. Harta de los malos tratos a los que era sometida, el 1 de enero de 1970 lo mató a tiros. El mejor epitafio lo escribió otro periodista: “A nadie entristeció su muerte”.
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