×
Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
ver +

" Comentar Imprimir
21 Noviembre 2020 04:04:00
Elefante blanco
Escuchar Nota
El Metrobús Laguna es una obra encantada de mil 500 millones de pesos o un elefante blanco en la mira del presidente López Obrador. El sistema debió entregarse hace tres años, pero la pandemia de coronavirus pospuso su operación para el año próximo.

Mientras todo el mundo se lava las manos, la infraestructura se deteriora y si algún día llega a funcionar, antes tendrá que ser reparada. El tema lo trata la periodista Lilia Ovalle en el bisemanario Espacio 4.

“El 19 de julio pasado el presidente Andrés Manuel López Obrador explicó por qué canceló la entrega de recursos para continuar con el proyecto del Metrobús en la Laguna. Fue durante una mañanera que dijo, ya estaban aprobados para expandir la obra a los municipios de Durango, pero que, de manera legítima, 5 mil personas se opusieron y fue por esa razón que respaldó la cancelación a mano alzada.

“–Se cuestiona mucho esto, pero, ¿cómo vamos a llevar a cabo una obra que no quiere la gente? ¿Cómo vamos a imponer? Si les digo, yo iba con información para decirles: ‘Ya obtuvimos los recursos para que se construya el metrobús’. Yo pensé que lo iban a aplaudir. No. Resulta que lo vinculan a corrupción. (Tras una prolongada pausa el Ejecutivo remató): ‘Quién sabe por qué’.

“A casi cuatro años del inicio del proyecto el recuento de daños es enorme. Desde el cierre de largos tramos carreteros, decisión que impactó a conductores y peatones durante años, hasta la afectación económica para los pequeños y medianos comerciantes.

“No se puede hablar de ello sin establecer el incumplimiento de contratos, retrasos para la entrega de avances de la obra y, sobre todo, la nula transparencia en el manejo de recursos públicos, lo que propició demandas y amparos de inconformes.

“Pero también hubo fallas en las obras que provocaron lesiones a dos trabajadores y la muerte de una mujer atropellada por una retroexcavadora. El operador echó en reversa de manera imprudencial mientras realizaba maniobras en el bulevar Revolución.

“En suma, la obra está en un pantano, a pesar de que violentó el derecho ciudadano y se generaron daños patrimoniales económicos y culturales al retirar el Torreoncito, de lo que el propio Rubén Moreira y Miguel Ángel Riquelme renombraron como ‘Plaza Cívica Conmemorativa del Centenario de la Toma de Torreón’.

“Al igual que la crítica severa que se ejerce en tiempos de pandemia sobre la movilidad del pobre, cuando se cuestiona más al obrero por festejar en un barrio los 15 Años de su retoño en tanto que se guarda silencio por la boda para 700 invitados que un político le ofrece a su hija, los actos vandálicos sobre el patrimonio arquitectónico y cultural han sido una constante en Torreón y en la mayoría de los casos no se circunscriben al grafiti que hace una feminista furiosa, sino al robo que ejercen delincuentes y mandatarios.

“En este apartado han coincidido personajes como el historiador Carlos Castañón Cuadros y el artista y arquitecto Gustavo Montes, quienes han referido que los monumentos son signos identitarios de gran valor de las ciudades, los cuales muchas veces se ven amenazados por los gobernantes de turno.

“Montes considera que el saqueo de monumentos no se puede explicar si no se piensa en que existe algún tipo de contubernio entre la delincuencia y las fuerzas de seguridad. Por ello exhorta a generar amor hacia las cosas para que sean respetadas, hecho que demuestran con creces los indígenas en sus comunidades. De lo contrario, se preserva la idea de que ‘el que no tranza no avanza’, criterio que genera una individualidad feroz y rapiña”. (Texto completo en espacio4.mx)
Imprimir
COMENTARIOS